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¿A qué huele Castilla?

José Antonio Cruz, es director de EntreVinos y de las Tertulias del Vino. En este artículo nos invita a disfrutar con los sentidos de una tierra conocida por su cultura del vino y su gastronomía.

Cultura del Vino | 2014-07-04 13:47:38


Hace poco me hicieron esta pregunta y no supe muy bien qué contestar, me parecía una especie de boutade, pero me picó mucho la curiosidad, y me fui al sur de Burgos, a Aranda de Duero concretamente para descubrir alguna respuesta.

Este año coincide además, para fortalecer la curiosidad, que el proyecto expositivo “Las Edades del Hombre” se celebra en Aranda de Duero y está relacionado con la gastronomía y el vino, “Eucharistia” se llama.

Aranda de Duero y su comarca ofrecen muchas posibilidades de cultura, patrimonio, ocio, naturaleza y gastronomía. Desde mayo, las iglesias de Santa María y de San Juan son las sedes de esta exposición. Pero además de Las Edades del Hombre, tiene Aranda una gran oferta museística. Así, por ejemplo, el viajero puede conocer la Colección de ‘Juguetes antiguos’ –una recopilación de muñecos y otros cedidos por los propios arandinos–; el CIAVIN –un ejemplo visual de una antigua bodega subterránea–; el Museo del Ferrocarril –situado en la antigua estación de la localidad–; y el Museo de Cerámica. Sorprende su anillo verde, un pequeño recorrido, que se puede realizar en barca por el Duero y que muestra la rica flora y fauna a orillas del río, además de ofrecer la posibilidad de disfrutar de las playas fluviales y de las rutas a pie, bicicleta e incluso a caballo.

Otros de sus atractivos importantes son el gastronómico y su fuerte tradición por la cultura del vino. La necesidad de almacenar el vino obligó a los lugareños a construir una gran red de pasadizos subterráneos que abarcaban la mayor parte de la localidad, creando así una gran tela de araña de bodegas que, gracias a sus condiciones de temperatura, conservaban el vino en perfectas condiciones durante todo el año. En la actualidad se pueden apreciar, en algunas de estas bodegas, las antiguas barricas, que se fabricaban en el interior de las mismas por los toneleros, y otros elementos antiguos como los pellejos, en los que se transportaba el vino, o los candiles de aceite que facilitaban la visión. Se conservan 7 kilómetros de estas despensas del vino bajo tierra, con cerca de 135 bodegas. En cuanto a su gastronomía, en Aranda existe una gran tradición ganadera en la cría de corderos, con los que se elabora uno de sus platos estrella: el lechazo asado en horno de leña. En junio, todos los años se celebran las jornadas del lechazo asado. Qué mejor compañero que una copa de tinto de la Ribera de Duero. También cabe destacar la morcilla dulce arandina, que tiene dos importantes diferencias con la de Burgos: por un lado, se elabora con especies como comino, pimienta negra y canela, y por otro, se realiza una cocción antes del embute y otra después. Gracias a la cual, este embutido no repite tanto. Y todos los platos de la cocina arandina se pueden acompañar con la tradicional torta de aceite de Aranda, un pan típico que se consume desde hace siglos. De todo esto doy fe sobrada ¡qué rico!.

Excelente. Pero íbamos buscando aromas. Nos habían hablado del Museo de los Aromas de Santa Cruz de la Salceda, y allí nos dirigimos. Nos dicen que está a unos 15 kilómetros al sur de Aranda, pero por poco no llegamos, es un pueblo muy escondido, uno debe buscar primero Fuentecespedes, más conocido, y al lado está Santa Cruz de la Salceda. Nos recibe Concha Vargas, la Directora del Museo, y nada más entrar advertimos que no estamos en ningún sitio conocido. Es absolutamente original, está dedicado a los aromas de la vida, que no es poco, una imagen austera preside todo el recorrido, han querido recrear una vivienda y algo más de la vida cotidiana de la gente de allí.

Todo el museo está preparado para jugar, para aprender de una forma lúdica y participativa, pero también es riguroso, y todo lo que expone está avalado por académicos y científicos. Ellos dicen que: “El Museo de los Aromas es el primer y único museo existente en España y Europa sobre este aspecto. Es un centro que une una parte lúdica de disfrute en el reconocimiento y el análisis de diferentes aromas y otra, en la investigación sobre el olfato. Tan olvidado en nuestros días y tan importante para los seres humanos”. Allí ofrecen los aromas del recuerdo, los aromas que sanan, los que enferman, los aromas de peligro, los aromas del vino, los aromas cítricos, la aromaterapia, los perfumes, los aromas a café, a aceite…etc. Y cuando uno ha terminado, se encuentra con una tienda en la que puede obtener casi todo lo que ha visto y algunas cosas más.

Uno de los talleres que dieron en este Museo se titulaba “A qué huele Nueva York”. Siguiendo esta figura podremos decir que Castilla huele a hospitalidad, a buenos vinos, a lechazo, a morcilla, a paisajes verdes y áridos al mismo tiempo, a agua viajera, y a gente cálida, sabia y amable. Un placer para todos los sentidos.

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