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Algo de historia sobre los orígenes del Cava

Los orígenes de la obtención de un vino espumoso se remontan a la época de las civilizaciones griega y romana. Se calcula que ya entonces, conocían que si en invierno sele añadía azúcar a un vino, en primavera éste recobraba cierta actividad que generaba burbujas y espuma; pero este proceso carecía de una base científica explicable en aquel momento.

Cultura del Vino | 2014-09-25 12:28:23


No hay que olvidar que en tiempos de la dominación romana de la península ibérica, el cultivo de la vid ya estaba extendido ampliamente por nuestras tierras; lógicamente, debían existir ciertas prácticas enológicas que se aplicaban de manera habitual y que en muchas ocasiones, podían incluso tener su origen en la casualidad.

Por tradición, se atribuye el “descubrimiento” del vino espumoso al monje benedictino Dom Perignon, de la abadía de Hautvillers, en la zona de la Champagne francesa, quién a finales del siglo XVII, más que descubrir, encontró la forma de controlar y mejorar la metodología del proceso de la toma de espuma natural.

El astuto monje recuperó, a su vez, la utilización del tapón de corcho, ya que hasta el momento, el más utilizado era el de madera.

También aportó un elemento fundamental para el mantenimiento de las burbujas en el vino espumoso: la utilización de un recipiente, en este caso, la botella de cristal, con la resistencia suficiente para aguantar la presión generada durante la segunda fermentación llevada a cabo en su interior.

A mediados del s. XIX, en Catalunya, se comenzaron a realizar pruebas con las variedades locales de uva en diferentes poblaciones: Blanes, Reus... entre las cuales destacó Sant Sadurní d’Anoia, donde uno de los pioneros, Josep Raventós, materializó todo el esfuerzo llevado a cabo previamente, con el tiraje de las primeras botellas de vino espumoso de calidad elaboradas según el Método champenoise en nuestro país (1872).

A partir de 1.879 se empezaron a comercializar botellas del codiciado vino espumoso y su expansión en volumen y distribución geográfica fue creciente durante el final del siglo XIX. En este momento, la viticultura catalana sufrió un golpe muy duro debido a la entrada de la filoxera procedente de Francia a través de los Pirineos. Tuvieron que arrancarse las cepas autóctonas para proceder a la replantación de los viñedos con pies procedentes de América, resistentes a esta plaga. A continuación, se injertó la parte aérea de la cepa con las variedades típicas de cada zona.

A lo largo del siglo XX, el espumoso denominado Cava, se ha introducido con fuerza en los mercados internacionales y ha ido aumentando su prestigio hasta convertirse, en la actualidad, en uno de los sectores más prósperos del Penedès y en todo caso, en el más representativo.

En los años 20, el CAVA se afianza en el mercado español alcanzando su gran crecimiento en los 60 y su consolidación internacional en los 80. Hoy es uno de los sectores vitivinícolas más dinámicos y prósperos de la viticultura “esencialmente catalana” con una producción que ha superado los 220 millones de botellas al año que llegan a consumidores de todo el mundo.

 

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