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¿Aprovecha México el potencial enoturístico del Valle de Guadalupe?.

México está utilizando las oportunidades que ofrecen sus regiones vitivinícolas. La Ruta del Vino del Valle de Guadalupe está creada como estrategia para dar a conocer la cultura a través de la actividad vitivinícola en el medio rural donde se desarrolla.

Blog del Vino México | 2015-07-30 13:20:02


El enoturismo se puede definir como “las visitas a bodegas y  regiones vinícolas, para experimentar las cualidades únicas de los modos de vida  contemporáneos relacionados con el disfrute del vino en su origen-incluido la comida, el paisaje  y la experiencia cultural” (Alpizar & Maldonado, 2009). Por lo tanto, el enoturismo se resume en  la experiencia de visitar viñedos, conocer bodegas, asistir a festivales y/o demostraciones  vinícolas en los cuales la cata de vino y la experiencia de los atributos del mismo son el principal  motivo para los viajeros (Hall & Mitchell, 2000).

La industria de la producción de vino en México tiene una larga trayectoria histórica, prueba de  ello ha sido la gran calidad en sus productos, lo que ha despertado el interés y reconocimiento de los mercados internacionales, que han ido cambiando la imagen rustica de los vinos nacionales. Sin embargo, el crecimiento de ésta se ha visto afectada por  distintos factores como la crisis económica, el escaso apoyo gubernamental y la fuerte competencia internacional, lo que ha redundado en una desestabilidad económica para las  empresas, principalmente las micro, pequeñas y medianas, del sector vitivinícola.

Sin embargo el potencial turístico en México entorno al mundo del vino cada vez alcanza más eco internacional. Baja California se caracteriza por ser la principal  zona de mayor capacidad productiva de vino, en una estrecha península entre el Mar de Cortés y  el Océano Pacífico a 100 kilómetros hacia el sur y al lado occidental de Estados Unidos. En  particular esta región acumula alrededor del 90% de la producción nacional de vino, cuenta con  10.000 hectáreas de cultivo de las cuales 60% se encuentran en tierras del Valle de Santo Tomas  y San Vicente, 35% en el Valle de Guadalupe y San Antonio de las Minas, y el resto en la zona  del Valle de Ojos Negros y Tecate.

¿Está este territorio aprovechando el potencial que le ofrece el enoturismo?. Pues parece que sí. El gobierno de Baja California con apoyo de la Secretaria de Turismo del  Estado ha trabajado sobre actividades que contribuyan con la promoción del turismo nacional e internacional referente al vino y la gastronomía en la región, siendo la única que cuenta con un programa integral de promoción oficial titulado “La Ruta del Vino del Valle de Guadalupe”, el cual comprende un recorrido enogastronómico por las principales bodegas y restaurantes de la región, así como por algunos sitios turísticos naturales de interés como el Arroyo Guadalupe, Salto del Agua, y las aguas termales de San Antonio Nécua.

Por ejemplo, la Ruta del Vino del Valle de Guadalupe ofrece al visitante una serie de atractivos y servicios que van desde las más pequeñas bodegas familiares hasta las grandes empresas vitivinícolas, así como una amplia gama de restaurantes campestres hasta la más exclusiva cocina, sitios para acampar, balnearios, hoteles boutique, galerías de arte, tiendas de vinos, cultura indígena, sitios naturales y actividades al aire libre. De forma conjunta, se pueden disfrutar de una serie de eventos relacionados con la cultura del vino, iniciando en el mes de mayo con la celebración llamada “Viñedos en flor”, seguidos por el “Guateque”, las “Fiestas de la Vendimia”, el “Concurso de las paellas, y el tradicional “Concurso Internacional, Ensenada Tierra del Vino”, llevado a cabo por la Escuela de Enología y Gastronomía de la Universidad Autónoma de Baja California, en el cual se premian a los mejores vinos nacionales y extranjeros.

En cuanto a  hospedaje se ofrecen pocos espacios que cuentan con una alta calidad en el servicio y comodidad  para el visitante, los cuales en su mayoría se encuentran rodeados de la naturaleza y el  acercamiento con las raíces tradicionales de la vid y el vino.

Esta es la fórmula de ofrecer un territorio como un todo en orden de su antepasado, su paisaje y sus productos y servicios; además de que contribuye de manera directa con el consumo del vino, crea valor a la industria, dinamiza la competitividad del territorio, incrementa y mejora la producción vinícola, respeta el medio ambiente, y oferta mejores condiciones de vida para la población.

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