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Arquitectura de élite en las bodegas.

Con la feroz competencia en el sector y la crisis, es necesario buscar formas de diferenciación. La función de la arquitectura como palanca de una imagen o de un producto supuso una revolución en el sector vitivinícola español, que inició un proceso de modernización.

Cultura del Vino | 2016-02-17 14:05:21


La construcción de diseño de muchas bodegas de élite nos vuelve a poner ante el vino como un producto de elite, de firma prestigiosa, de autor, olvidando la callada labor de la vitivinicultura tradicional la que crea el vino sin marca ni etiqueta como un fruto más de la tierra elaborado de forma personal pero dentro del anonimato de la cultura  tradicional.

Es por tanto, una nueva manifestación de la distinción entre la artesanía, construida por los autores sin nombre, lo mismo que los productores tradicionales de los vinos y la obra de arte marcada por la firma de su prestigioso autor, o el reclamo de la creación de los grandes autores del vino.

No obstante, aunque las bodegas de diseño tienen mucho con la atracción del enoturismo, las antiguas bodegas convencionales y familiares siempre han tenido visitas. Ahora en todas las denominaciones de origen existen ejemplos de nueva arquitectura y comienzan a aparecer los nombres de los grandes arquitectos en el mundo del vino.

Por ejemplo, en Somontano, se comienza el recorrido por las Bodegas Enate construidas por Jesús Manzanares y Javier López, donde la luz contrasta con las oscuras naves. Manzanares nos transporta a sus obras en Priorato en la bodega de Alvaro Palacios o a Ribera de Duero en la construcción de Pago de los Capellanes.

Aunque tenemos que señalar como pionera a la bodega enclavada en la localidad gaditana de Jerez de la Frontera. El grupo bodeguero González Byass (productores del Brandy Jerez y Tío Pepe) es considerado como uno de los pioneros en aunar bodega y arquitectura. Así, su establecimiento tiene más de dos siglos de historia. La Real Bodega de la Concha de Jerez fue inaugurada en 1862, en honor a la reina Isabel II, que visitó entonces las bodegas andaluzas. El edificio no sólo contó con un miembro de la monarquía española para su presentación, sino que en su construcción participó el arquitecto Gustav Eiffel, promotor de la famosísima torre parisina.

En Rioja se levanta en Laguardia (Alava) la obra de Santiago Calatrava de la Bodega Ysius y muy cerca de ella la recientemente inaugurada Bodega Villa Real de la Compañía Vinícola del Norte de España, y construida por el arquitecto bordelés Philippe Mazieres, con una inmensa excavación y una construcción exterior en forma de tina de fermentación de 56 metros de diámetro por 16 de  altura.

En  la  vecina  localidad  de  El  Ciego  se  construye  todavía  un  hotel y centro social de la Bodega Marqués de Riscal, por el arquitecto norteamericano Frank O. Gerhy. Esta Ciudad del Vino es un complejo con casi 100.000 metros cuadrados formado por el hotel con 43 habitaciones con SPA dedicado a la Vinoterapia, un centro de conferencias y un excelente restaurante.

Desde luego, la profusión de bodegas con el sello de reputados arquitectos españoles no es un fenómeno exclusivo de la industria española. California y Burdeos, dos de las denominaciones más famosas a nivel internacional, cuentan ya con el sello de creadores consagrados como Jean Nouvel, los suizos Herzog y De Meuron y Christian de Portzampac. En el caso de la región francesa, uno de los arquitectos españoles más reputados, Ricardo Bofill, ha levantado Château Lafite Rothschild.

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