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Ayer, hoy y mañana, enoturismo.

El enoturismo, un tipo de turismo con historia, pero en auge; al alcance de todos y cada vez más desarrollado. Autora:Laura Palacios Sanz

Concurso Enoturismo 2016 | 2016-04-01 09:34:55


El turismo es algo que se ha vuelto esencial en la vida de una persona, ha pasado de ser algo que solo la gente pudiente pudiera realizar, a transformarse en un producto cada vez más al alcance de todos, a formar parte de la vida de las personas, sintiendo la necesidad de relajarse y cambiar de actividades en su época de vacaciones. Y todavía ha dado un paso más, siendo que los turistas ya no se conforman con el turismo de sol y playa o con el cultural, sino que buscan experimentar más, probar más y aprender más. Un claro ejemplo de esto es el enoturismo.

Enoturismo, que etimológicamente se descompone en “eno-”, que significa “vino” y es proveniente del griego, y “-turismo”, que viene del latín “tornus”, evolucionado en el “tour” francés que significa viaje o excursión; es una palabra todavía no contemplada en el diccionario de la RAE, a pesar de la importancia que está cobrando este segmento del turismo.

Su historia como tal comienza a mediados de los años 90 del siglo pasado, cuando un conjunto de bodegas organizaron unas rutas turísticas y de formación en asociación con productores de vino (Fávero y Antunes, 2007), dando lugar al denominado “turismo del vino”, un nuevo segmento turístico que buscaba enseñar todo lo relacionado con la cultura vinícola, además de su elaboración y su entorno. Dentro del enoturismo cobraría también importancia una serie de elementos externos, como el alojamiento, el paisaje, la gastronomía local, la artesanía y los componentes culturales de la región, además de las bodegas propiamente dichas. Diversos autores, como Corigliano (2000), Tonini y Fundo (2010) y Rodríguez García (2010), ponían en común la idea de que son todos los recursos presentes en una región vinícola los que generan la demanda de este tipo de turismo: los viñedos, la industria vinícola abierta al público, los museos, degustaciones, edificios históricos, atractivos naturales, artesanía, restauración, etc.

A día de hoy, el interés de los turistas se está transformando y tratan de conocer la gastronomía de determinadas zonas, dando lugar también al interés por la bebida que puede acompañar esta comida: el vino.

España dispone de una amplia red para disfrutar de este tipo de turismo, de una comunidad a otra, teniendo base en casi todas ellas; pasando por riberas, zonas de interior y costeras y grandes viñedos. El enoturismo no solo incluye lo que es el consumo del vino como tal, sino que es un conjunto de procesos y elementos externos que ayudan a ampliar la calidad de la oferta.

Este turismo engloba la idea de “gusto por lo bueno, por la calidad”, sin necesidad de dejarse un dineral en un buen vino de la otra punta del país. Se busca transportar al que lo prueba a la elaboración completa del producto, desde la extracción del mosto hasta todo el proceso de elaboración posterior, siguiendo toda una serie de pasos para transformar esta bebida alcohólica denominada vino. Se intenta que, con un sorbo, el huésped se pueda transportar a la elaboración total del producto y la sabiduría que requiere, en todas sus formas.

Según Carter y Ali-Knight (2002), la esencia de este tipo de turismo es el vino -y los elementos relacionados con éste-, ya que, si no existiera, este tipo de turismo podría ser llamado turismo rural o ecoturismo, dado que se suele dar en zonas rurales. A esta afirmación se podría añadir lo que dijo Falcade (2004) sobre que el enoturismo se podría ubicar tanto en zonas rurales como urbanas, y que lo que caracteriza este tipo de turismo es el desplazamiento de las personas con sus motivaciones relacionadas con la uva y el vino. Siguiendo a Getz y Brown (2006), el enoturismo es simultáneamente un comportamiento del consumidor, una estrategia para desarrollar el área geográfica y el mercado del vino de dicha zona, y una oportunidad de promoción de las bodegas para vender sus productos directamente a los consumidores mostrándoles el proceso que han seguido para su creación.

Por ejemplo, en un vino tinto, el vino de las carnes, desde el momento en el que se recoge la uva del viñedo, y se despalilla y se estruja separando el mosto de la pasta y retirando el escobajo, pasando por la maceración y fermentación del mosto en el encubado, la fermentación maloláctica del vino, los trasiegos y la clasificación, filtración y tipificación, pudiendo embotellar ya el producto para introducirlo en el mercado. Pero no acaba ahí, sino que después de los últimos pasos se puede poner a criar en madera, se realizan los trasiegos y se embotella -o cría en botella- para llegar de una manera diferente al mercado.

En el caso del vino blanco, tiene una elaboración diferente a la del vino tinto, para lograr otro tipo de matices para acompañar de otros alimentos como pescados o mariscos. Su historia comienza cuando la bodega recibe la uva y se realiza una maceración en frío manteniendo el mosto en contacto con los hollejos de la uva; posteriormente, se prensa y se desfanga el mosto; lo siguiente es la fermentación del vino, que junto con los trasiegos y la crianza sobre lías da paso a la clarificación, la estabilización por frío y el filtrado acaba en el embotellado y se dirige al mercado.

Y por último, hablando del vino rosado, tendríamos otro proceso diferente de elaboración. Al recibirse la fruta se despajillla y se estruja, obteniéndose por separado el mosto y la pasta, que se escurre y desfanga; se pasa a la fermentación que da lugar al vino, para su posterior descube, los trasiegos para separar las lías del fondo de los depósitos y barricas, se clarifica, estabiliza y embotella, para introducirlo en el mercado.

Una serie de pasos únicos y casi irrepetibles exactamente, ya que por el trato que pueda realizar cada bodega, se puede crear un tipo de vino u otro, independientemente de si es tinto, blanco o rosado, como ya he explicado.

Todos estos procesos tratan de transportar a la persona que los prueba, para que puedan sentir la fermentación del zumo de la fruta, las reacciones del líquido en la maduración, los matices de la madera en la que ha reposado el vino y el primer oxígeno en que ha entrado en contacto el producto final, hasta el momento en el que se descorcha la botella y se echa en la copa para después de un ritual, degustarlo por fin.

Las bodegas españolas cada vez se están consolidando más como destinos turísticos propios, siendo la actividad principal del turista que acude a realizarla, acompañándola de otras actividades secundarias y dando un carácter interactivo y formativo a una tarea tan antigua como esta. Como dijeron López-Guzmán Guzmán y Sánchez Cañizares (2008), el enoturismo podría ser un motor de desarrollo socioeconómico de determinadas áreas rurales, siendo, en este sentido, las cooperativas una de las formas organizativas con más futuro en este segmento turismo.

Y es que el enoturismo es un producto que puede llegar a ser muy importante en España, un producto que puede desvincularse de los típicos cultural, religioso, sol y playa, de congresos, negocios, salud o aventura... y unirse al ya consolidado turismo gastronómico para crecer y tomar nombre propio en el panorama mundial.

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