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Bodega Pago de Almaraes

BODEGA PAGO DE ALMARAES. Una moderna bodega que en su arquitectura rinde homenaje a los antiguos pobladores de la Comarca del Guadix, los trogloditas. Un fusión de tradición y tecnología que apuesta por "La Cultura de la Cueva unido a la Vid y al Vino".

De bodegas con la bruja Viri | 2017-05-09 12:41:03



 

 

 

PAGO DE ALMARAES

BENALÚA (GRANADA)

 

 

La Bodega Pago de Almaraes se encuentra en el pueblo de Benalúa y pertenece a la Comarca del Guadix, uno de los asentamientos humanos más antiguos de Europa.

Los primeros habitantes eran trogloditas y vivían en cuevas. Actualmente es el municipio donde viven mayor número de personas bajo tierra.

La bodega quiso rendir homenaje a estos antiguos pobladores y horadó a partir de una cueva milenaria diferentes túneles de arcilla natural dentro de la montaña hasta crear la singular bodega que tienen actualmente.

 

 

Las vistas son magníficas. Los viñedos que tienen frente a la bodega están flanqueados por los picos de Sierra Nevada nevados al fondo y la zona montañosa de Mencal donde se encuentran diversas casas cuevas de los antiguos trogloditas.

 

 

Con Javier Rodríguez, uno de los dueños, y Cristina Calveche, enóloga de la bodega, recorro los viñedos y la zona de elaboración y crianza. Esta se construyó en el 2001 por la pasión e ilusión de Javier y sus amigos, que querían elaborar un vino para consumo propio.

Posteriormente, en el año 2004 comercializaron su primer vino convirtiéndose en una gran bodega y consiguiendo que algunos de sus vinos sean considerados como uno de los mejores del mundo en prestigiosos certámenes internacionales.

 

 

Sus variedades principales para tinto y rosado son Tempranillo, Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon y para el blanco disponen de Moscatel, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Vijariego.

Los viñedos están situados en una altitud media de 1.200 metros, llegando algunas a más de 1.350 metros. Esta altura provoca unos grandes cambios de temperatura entre el día y la noche. La diferencia es tan grande que en la época de maduración, por la noche la planta detiene su proceso hasta el día siguiente, consiguiendo una maduración lenta que es lo mejor para la uva.

 

 

La zona donde se encuentran los viñedos alrededor de la bodega era un mar cerrado hace muchos años, convirtiéndolo en uno de los suelos más jóvenes de la península. Esto hace que este terreno sea muy rico en minerales que le aporta un valor añadido a las cepas.

 

 

Regresamos a la bodega donde todo es representativo de la tradición, historia del lugar y algún detalle personal de sus dueños. En los colores de la fachada predomina el amarillo pajizo y rojo representando al color del albero y los toros, afición muy arraigada en la zona.

 

 

Recorremos los más de 3.000 metros cuadrados de cuevas de arcilla que dispone la bodega donde se unen "La Cultura de la Cueva a la Vid".

Una vez vendimiada manualmente la uva en las diferentes fechas, dependiendo de la variedad, los racimos que han pasado el control de una mesa de selección en bodega realizan una fermentación fría antes de despalillar.

Tras el despalillado, la uva es prensada, realizando una maceración con nieve carbónica para ralentizar la fermentación y que la extracción de aromas sea más intensa.

 

 

Todas las variedades están vinificadas por separado.

Cristina, la enóloga, una vez terminado el envejecimiento realiza diferentes catas hasta dejar unas pocas muestras por vino para decidir cuales serán los definitivos que se comercializarán en esa añada.

 

 

Llegamos a la zona donde se encuentran las barricas. Sus cuevas de arcilla aportan una climatización natural durante todo el año consiguiendo con ellas unas condiciones espectaculares para envejecer sus vinos. Esto lo complementan con nueva tecnología para conseguir una humedad constante.

Barricas de roble francés, americano y húngaro, dependiendo del tipo de crianza, aportan el toque particular a cada uno de sus vinos.

 

 

Sus vinos son muy aromáticos, con grandes matices debido a la altitud de sus viñedos y su lenta maduración. También se aprecia la mineralidad del suelo que aporta frescura, una ligera salinidad y riqueza a los vinos.

La bodega intenta crear una fusión entre la historia del lugar y sus tradiciones donde los fenicios ya elaboraban vino en la zona. Su arquitectura, el nombre de sus vinos y sus etiquetas son representación de su cultura.

En una de las cuevas se encuentra la sala de cata donde probé sus vinos.

 

 

Blanco Mencal. Vino insignia de la bodega, conseguidor de innumerables premios entre ellos el único Oro en distintas añadas del Challenge International du Vin de Burdeos. Un coupage de Sauvignon Blanc, Chardonnay, Moscatel y Torrontés con aromas a frutas tropicales y flores blancas como azahar.

Chicote. Su nuevo vino de Syrah. La etiqueta es un homenaje al torero granadino Pedro Chicote creada por el prestigioso pintor también granadino Pedro Jimenez que fusiona el mundo del toro con el vino. Un vino potente con intensos aromas a frutos rojos.

Almaraes 2011. Un coupage de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Syrah. Mucha fruta negra con un toque a caramelo.

Solo me queda agradecer a Javier y Cristina la visita tan agradable que me han brindado y felicitarles por su bodega. Una fusión de tradición y tecnología que respeta por encima de todo la naturalidad de la uva y apuesta por La Cultura del Vino unido a la Vid.

Os animo a realizar una visita a su bodega donde podréis saborear sus tradiciones ancestrales y disfrutar de unos vinos creados y elaborados en un marco singular.

 

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