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Bodega Pago los Balancines

Bodega Pago los Balancines, elaboran sus vinos pura y estrictamente ecológicos por convencimiento con el terreno donde se encuentran. Rodeados de montes, olivos y encinas, sus viñedos se encuentran entre flores silvestres y plantas aromáticas para enriquecer el terreno y la planta ... naturaleza viva !!!

De bodegas con la bruja Viri | 2017-05-08 00:00:00


 

 

 

BODEGA PAGO LOS BALANCINES

OLIVA DE MÉRIDA (BADAJOZ)

 

Pago Los Balancines se encuentra en la localidad de Oliva de Mérida en Badajoz. Cuando accedemos a su finca la postal que se nos presenta es espectacular encajada en un valle entre las sierras Juan Bueno y Peñas Blancas. Entre montes, olivos y encinas se encuentran sus viñedos en un mar de flores silvestres ... comienza la primavera a florecer.

 

 

 

Con Pedro Mercado, enólogo y alma de la bodega, y Ana Hernández, directora general, me dispongo a recorrer la finca de 115 hectáreas de las que 60 de ellas son viñedos y el resto encinas y olivos.

Ha comenzado la primavera y la postal que presenta la finca es increíble. Todo un manto de flores silvestres y aromas a manzanilla envuelven las cepas. No arrancan ni un ápice de lo que la naturaleza proporciona para enriquecer el terreno y la viña. La elaboración de sus vinos es ecológica por convencimiento con el terreno donde se encuentra.

 

 

Pedro me cuenta su historia. En el año 2006 descubrió este lugar y se enamoró de él. Adquirió ocho hectáreas de viñedo y se trasladó con su familia a vivir en una pequeña casa de madera que todavía se encuentra en la finca. A partir de entonces y durante años se dedicó a observar el comportamiento del terreno, las diferentes orientaciones, su climatología, las plantas y la flora y fauna de la zona adquiriendo la experiencia necesaria para comprender, entender y extraer las características y necesidades del terreno.

 

 

Empezamos nuestro recorrido en un viñedo de Tinta Roriz en un manto floral que engrandece visualmente al viñedo con una media de 40 años. Su filosofía es pura y estrictamente ecológica, devolviendo al campo los sarmientos de poda como nutrientes al suelo.

Durante años han ido adquiriendo terrenos colindantes, hasta completar las 115 hectáreas que tienen actualmente, recuperando y plantando nuevo viñedo pero siempre en vaso para mantener y respetar los criterios históricos de la zona.

 

 

 

Seguimos nuestro recorrido encontrándo en nuestro camino diferentes lagunas. Hay lugares en los que se asemeja a una selva amazónica por los humerales y la diversidad de flora que existe en el terreno. Los montes que nos rodean se encuentran repletos de encinas y la gran cantidad de jaras despiden un aroma natural espectacular.

 

 

En nuestro camino entre viñedos de Garnacha Tintorera, Tinta Roriz, Graciano y Petit Verdot llegamos al punto central de la finca. Una zona con una gran cantidad de piedras calcáreas, el único afloramiento calcáreo de Extremadura, donde la orientación de las sierras que nos rodean hacia el río Guadiana proporciona vientos constantes creando un microclima en la zona muy beneficioso para el viñedo.

En este lugar los viñedos de Garnacha Tintorera y Bruñal están sujetos con estacas al suelo por protección contra el viento.

 

 

Volvemos a la bodega que Pedro y su mujer Eva diseñaron una vez que tuvieron claro todas las condiciones y características del lugar, ya que ambos estudiaron arquitectura.

Un edificio funcional y moderno donde la arquitectura no agrede la naturalidad de la zona. Líneas rectas con hormigón y grandes ventanales para observar las postales naturales que brinda la naturaleza que la rodea integrándose en el entorno sin competir con el paisaje.

Dos grandes piscinas laterales sirven de protección y climatización natural a la sala de barricas que se encuentra por debajo.

 

 

En la entrada, una sala de catas presidida por una frase que me encantó. Es la razón que Pedro exponía cuando tantos amigos y familiares le preguntaban en sus inicios el porqué un arquitecto se embauca, involucra y apasiona tanto por el mundo del vino.

Y ... ¿Por qué? Porque el vino nos conecta con la naturaleza, sofistica la comida, facilita las relaciones sociales y las hace mejores, elimina los filtros de las emociones, haciéndonos vivir con plenitud las mejores creaciones del ser humano, entre las cuales, el propio vino se encuentra.

Actualmente Pedro además de ser enólogo es también profesor de viticultura.

 

 

Llegamos a la sala de elaboración, una gran sala brillante y reluciente, donde se encuentran los depósitos que han sido diseñados por ellos mismos. Distintos tamaños para vinificar variedades, parcelas y subparcelas por separado respetando la personalidad y características de cada vino que elaboran.

Una sala sin climatizar artificialmente ya que en su diseño aprovechan los grandes ventanales orientados al norte por los que entra siempre aire frío y empuja el aire caliente al exterior consiguiendo un ahorro energético.

 

 

Bajamos a la sala de envejecimiento donde observamos en la antesala dos grandes fotografías de los iconos y símbolos de la bodega: los perros mastines. Son unos enamorados de esta raza de perros y se dedican también a la cría de mastines en la finca.

Varios vinos de la bodega tienen en su etiqueta y en su nombre alguna referencia a estos animales.

 

 

Empezamos la cata en una sala desde donde se divisa una de las joyas de la bodega, el viñedo de Cabernet Sauvignon en vaso que ha conseguido el premio Guía Peñin al mejor Cabernet de España dos años consecutivos.

Pedro me comenta su búsqueda por la esencia del terreno, su obsesión por respetar la personalidad de cada trocido de tierra y plasmarlo en sus vinos. Unos vinos sin filtrar para no restar ni un ápice de sus características.

Balancines Blanco sobre Lías. Una novedad que todavía no ha salido al mercado, un blanco sobre lías de tres variedades. Ligero con toque de madera muy estructurado y potente.

Huno White. Un Chardonnay con seis meses sobre lías en barrica nueva. Fruta fresca con toques florales.

Alunado 2014. Un Chardonnay con 12 meses de crianza. Muy potente en aromas y en boca fruta madura y toques de vainilla. El nombre es debido a una leyenda que decía que los niños se volvían locos o alunados al observar ese paisaje.

Balancines Punto Rojo 2016. Predomina la fruta roja, un vino fácil de beber invitando a una segunda copa.

Huno Blend 2014. Un coupage de cinco variedades con 12 meses de crianza. Un vino potente y complejo. El nombre de Huno es en homenaje al primer mastín que tuvieron.

Mastines 2015. Un monovarietal de Garnacha Tintorera con 15 meses de barrica y dos años en botella. Una producción limitada cuyo protagonista es la fruta roja con toques herbáceos.

Haragán 2014. En homenaje al primer mastín con el que comenzaron la cría. Un coupage de Garnacha Tintorera y Tinta Roriz con 15 meses de crianza que todavía tiene un largo camino de envejecimiento y potenciación. El vino más expresivo de la personalidad de la viña, balsámico con toques florales.

Garnachas Salvajes. Un coupage de dos garnachas, una del norte de Cáceres y la otra de un viñedo de la finca en una zona de sierra. Con 18 meses en barrica y un año en depósito para afinarlo. La fruta roja sale a raudales.

 

 

Un placer haber disfrutado de este espacio natural entre sierras y montes donde su "cielo" está considerado como uno de los mejores paisajes estelares de Europa debido a que, además de no contener ninguna contaminación lumínica, la luna refleja los bordes calcáreos de las montañas y sus picos creando un paisaje espectacular. Os animo a visitar este reducto de naturaleza viva.

Muchas gracias por el gran día disfrutado y enhorabuena por vuestros vinos. Se nota la pasión y el arte en la elaboración ... todo un privilegio de cata !!!

 

 

Al despedirnos me encantó poder disfrutar un ratito con los protagonistas de la finca, los mastines. Varios enormes mastines nos vinieron a despedir con la tranquilidad y la nobleza que caracteriza a esta raza.

 

 

 

 





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