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Bodegas Lustau

Bodegas Lustau, un santuario compuesto por seis antiguas bodegas. Entre altos techos, redondas columnas, grandes ventanales matizados con esteras, cristaleras de colores y suelos de arena de albero, envejecen sus vinos generosos en ennegrecidas botas.

De bodegas con la bruja Viri | 2018-07-10 00:00:00


 

BODEGAS LUSTAU

JEREZ DE LA FRONTERA (CÁDIZ)

 

 

 

Bodegas Lustau comienza su historia en 1896 en la finca Nuestra Señora de la Esperanza donde José Ruiz-Berdejo era almacenista, es decir, elaboraba vino con sus viñedos para venderlo posteriormente a las grandes bodegas.

En los años 40 su yerno, Emilio Lustau, trasladó la bodega al casco antiguo de Jerez de la Frontera y comenzó a embotellar y exportar sus propios vinos de Jerez.

 

 

En el año 1988, la bodega pasó a manos de la familia Caballero. Una familia andaluza creadora del famoso y mítico Ponche Caballero, que a partir del año 2000 adquirió y restauró los seis edificios bodegueros del siglo XIX que actualmente conforman este pequeño santuario donde envejecen sus vinos generosos.

Una bodega de 1862 presidida por un patio andaluz con techado de parra y rodeado de arcos que nos anticipa lo que vamos a descubrir durante nuestro recorrido: arquitectura jerezana, flores, luz y alegría ... Andalucía por los cuatro costados !!!

 

 

Con Juan Mateos, director de enoturismo, vamos a realizar un recorrido por este santuario realizando una cata de sus distintos vinos en el lugar donde se crian y envejecen ... toda una experiencia !!!

Nuestra cata comienza con la gama Almacenista. Un homenaje a todos esos pequeños productores que, como la bodega en sus comienzos, miman y cuidan sus viñedos para después vender sus vinos más preciados a las grandes bodegas.

 

 

Comenzamos por el Almacenista Amontillado. Juan Mateos que se ha criado gateando entre los muros de esta bodega y sus botas, me comenta que el verdadero bebedor de jerez siempre comienza su cata con un Amontillado, el vino con más estilo de Jerez.

Disfrutando de este Amontillado con una crianza biológica y oxidativa recorremos el edificio Los Arcos, una magnífica bodega con altos techos de madera y ventanas abiertas orientadas al mar para que la temperatura sea fresca de forma natural. En este precioso entorno, con largas columnas y suelos de arena de albero para poder regar asiduamente y refrescar el ambiente, envejece su Fino La Ina. Un Fino muy fresco y equilibrado con un toque de salinidad que le convierte en el complemento ideal para el tapeo.

 

 

El siguiente vino que catamos es su Fino Jarana. Un Fino que rinde homenaje a la fiesta, a la celebración y a la "jarana". Para ello pasamos a la bodega Las Cruces a través de un Almizcate, es decir, un espacio entre dos edificios que sirve de refresco y enfria naturalmente los muros de la bodega. Aquí los aromas a flores inundan este reducido espacio ...

 

 

Su Fino Jarana es seco, delicado y ligero con suaves notas almendradas y un toque a hierbas silvestres. Es difícil no sobrecogerte en este entorno. Contrasta la solemnidad de los altos techos y largas columnas con el mar de barricas ennegrecidas por el paso del tiempo entre anchos muros e inmaculados suelos de arena de albero. Grandes esteras de esparto matizan, dependiendo del momento del día, la luz natural que entra por los grandes ventanales.

 

 

Jerez, cuya historia vitivinícola data del siglo IV a.C., es una zona idónea para el cultivo del viñedo debido a su clima. Muchas horas de sol, uno de los niveles pluviométricos más altos de España, la cercanía de una zona montañosa y la influencia del mar crean un microclima único en el mundo. Además, su singular tierra blanca denominada "albariza", con un alto porcentaje de calcio, manteniene la humedad todo el verano ya que en Jerez está prohibido regar los viñedos.

 

 

Pasamos al edificio más antiguo del complejo que data de 1835: La Campana. Una preciosa bodega presidida por una campana que con su repique anunciaba el principio y final de la jornada de trabajo en la bodega. Esta joya ha sido restaurada por Luis Caballero respetando todo el encanto y la arquitectura de sus siglos de historia. Aquí envejecen sus Olorosos y su Amontillado Botaina.

En La Campana pudimos catar su Palo Cortado Lustau. Un Palo Cortado con dos años de crianza biológica y 18 años de crianza oxidativa con intensos aromas a café y chocolate negro.

 

 

Seguimos nuestro recorrido hasta llegar a una de las salas de catas accediendo por lo que llaman la Sacristía. Una antigua calle de Jerez que se techó y todavía conserva en una de las puertas el número de la calle al que pertenecía. Esta calle con historia ha sido transformada en Sacrístia de Botas con el escudo representativo de cada país al que exportan.

 

 

En el piso de arriba de esta antigua calle y con magníficas vistas a la bodega y a sus calles pudimos catar y disfrutar de la amplia gama de vinos que elaboran. Su Manzanilla Papirusa elaborado en Sanlucar, su Puerto Fino elaborado en el Puerto de Santa María con notas más salinas y su línea de vinos de alta gama VORS (Vinum Optimum Rare Signatum) que son auténticas joyas con más de 30 años de envejecimiento donde las notas a cueros y almendra amarga hacen sentir toda una delicia al paladar.

Tuve el placer de catar su "oro negro", la joya de la bodega: el VORS Pedro Ximénez. Un vino muy intenso y concentrado donde los toques torrefactos y chocolates hacen de este vino una auténtica delicia.

 

 

Seguimos nuestra cata esta vez en el lugar donde envejece su Oloroso Emperatriz Eugenia. Una bodega con el mismo nombre, Emperatriz. Edificada en 1948, se presenta a la vista como una pequeña catedral. Presidida por un rosetón con el escudo de armas en vidrieras de colores crean un contraste lumínico espectacular entre las altas columnas redondas y arcos de piedra labrada.

Una bodega declarada de interés cultural y en la que se celebran eventos y conciertos de flamenco y ópera.

 

 

Seguidamente nos desplazamos a la bodega Las Añadas donde pudimos catar su vino Dulce Natural de Palomino Fino Añada 1998. Un Vintage Sherry de 20 años que disfrutamos encima de uno de los muchos coches de caballos antiguos que rodean las botas de esta bodega ... todo un lujazo y totalmente ambientado para disfrutar de este vino Vintage !!!

 

 

Nuestro recorrido termina en el lugar donde envinan sus botas: bodega La Duquesa. Aquí envinan más de 700 botas que después de dos años en que la madera haya absorbido todas las propiedades de su vino Oloroso serán utilizadas para envejecer Whisky.

Una vez terminada esta maravillosa cata entre las distintas bodegas, repiqué la Campana que durante siglos significaba la finalización del trabajo, aunque en este caso no era el término de una jornada laboral sino el final de un estupendo recorrido por su historia a través de sus vinos.

 

 

Solo me queda agradecer a Juan Mateos el histórico recorrido que me ha brindado. Un viaje por Lustau a través de sus vinos entre aromas a vino añejo y maderas nobles  ... Toda una experiencia difícil de olvidar donde te sientes mimetizado con este ambiente.

 

 

 

 

 

 





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