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El Canari, un vino de leyenda.

La bodega El Grifo es una "institución" dentro del marco vinícola insular que ha rendido su especial homenaje al patrimonio cultural de la región en forma de vino, El Canari Autor: Daniel Hernández.

Historias del Vino | 2016-06-22 11:09:22


Hola amigos, tras unas semanas sin poder atender y disfrutar de vuestra compañía, empezamos este mes de Noviembre con un vino muy especial, repleto de historia, como a un servidor le gusta.

Ejemplo que demuestra que conceptos como exportación y globalización hace mucho tiempo que se llevan ejerciendo dentro del comercio del vino.

Nos desplazamos hacía las Islas Canarias, concretamente a Lanzarote y su bodega insignia, El Grifo. Una "institución" dentro del marco vinícola insular que ha rendido su especial homenaje al patrimonio cultural de la región en forma de vino, El Canari.

Desde el siglo XVII, distinguido testimonio del esplendor británico, Shakespeare y sus contemporáneos hacen gala en sus escritos de las virtudes de nuestro protagonista.

Como podeis imaginar por las referencias históricas, se trata de un vino fortificado, criado bajo el sistema de soleras. La Malvasia volcánica es el centro de atención, única dentro del sistema insular, se la vendimia con elevada maduración y ciertos apuntes de pasificación que dan pie a posteriori, combinanda con una parada de la fermentación mediante adicción de alcohol vínico, un resultado de 17% de vol. alcoholico y 80 gr. por litro de azúcar seguido de un proceso de crianza oxidativa.

A la vista tiene un atractivo y brillante color ámbar, sin defectos ni presencia de sedimentos. Al girar la copa el movimiento nos muestra una densa y gruesa lágrima que hipnotiza con su lenta y elegante caída, como si el tiempo se detuviera evocando las añadas históricas que entran en su elaboración, 1956, 1970 y 1997 es la edad de los vinos responsables  de El Canari. Todo este escenario visual nos indica que el vino se encuentra en fase de evolución avanzada.

En nariz, tras una pausa, el potente y embriagador aroma desencadena en una elevada complejidad que nos advierte del potencial que posee el vino. Como resultado, un mundo lleno de fruta escarchada, delicada fragancia de azahar y la combinación de frutos secos, pasas y toques amielados que tanto recuerdan a esta tipología de vinos.

En boca, y como desenlace a todo el registro anterior, el volumen que invade es directamente proporcional a su complejidad. La calidez que aparece es una combinación del alcohol y el azúcar,  equilibrados y acompañados por una refrescante acidez que lo hace insólitamente ligero, lo que permite disfrutar aún más de sus aromas cítricos, matices especiados que se funden con los frutos secos y un marcado carácter de evolución que conducen a nuestro imaginario a recorrer las frías y lluviosas tardes de otoño rodeados de galletas de gengibre, pastel de manzana y mazapanes.

Nada más lejos de la realidad, nuestro vino es un excelente compañero de viaje para poder ser compartido con infinitas opciones gastronómicas, ya que su versatilidad lo coloca como guardián de los aperitivos y entrantes. Foie, quesos y otras opciones saladas le encajan perfectamente, no sin obviar el apartado de postres dónde la combinación con chocolates y dulces a base de frutos secos lo resuelve con exquisita solvencia.

Persistente y profundo como la historia que pretende contarnos, es un viaje a traves del tiempo que empieza allá por el siglo XVII y que, en un futuro próximo pretende seguir siendo un narrador de experiencias, como aquellas que se transmiten de padres a hijos.

Salud y hasta el próximo post!

 

 


 

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