LLAMANOS 34 91 535 89 90

Cata de vinos: Los vinos aragoneses

Los vinos aragoneses buscan las sensaciones agradables de vinos redondos y profundos, que recogen las oscilaciones térmicas del Somontano y las tardes soleadas de Cariñena, el carácter del terruño de Calatayud y las golosas garnachas de Campo de Borja.

Cata de Vino | 2014-09-19 10:27:23


Cata de vinos Blancos

En los vinos aragoneses encontrarnos las tipologías de vinos blancos más habituales en el mercado: vinos jóvenes, fermentados en depósitos de acero inoxidable, que remarcan su carácter varietal con sus aromas perfumados; vinos más clásicos a base de viura, con una gran robustez gustativa; los vinos de Somontano, con las potentes fragancias de la gewürztraminer; blancos fermentados en barrica, donde se matizan los tonos ahumados y aumenta la estructura en boca y la capacidad de envejecimiento; y vinos con gran volumen gustativo que se apartan del concepto de vino blanco ligero.

Visualmente, según la elaboración, los colores evolucionarán del amarillo pálido al dorado brillante. Su combinación con el oxígeno marcará el tono y el reflejo. Con la variedad viura de base, los colores que dominan son tonos amarillo pálido o amarillo limón, que denotan su juventud e indican el calor intenso de las épocas de maduración. También observaremos los reflejos verdosos en los extremos inferiores de la copa, donde aparecen los destellos de oro nuevo. Si comparamos un vino joven de añada con un chardonnay fermentado en barrica, apreciaremos mejor estos aspectos. En blancos fermentados en barrica y criados sobre lías, los amarillos son más intensos, con tonalidades doradas.

Olfativamente, en los blancos jóvenes buscaremos aromas frescos, relativamente intensos dependiendo de la elaboración. Vinos con macabeo recordarán a fruta blanca con fondos cítricos. En los vinos a base de chardonnay, detectaremos los frutos secos, la mantequilla fresca y la fruta tropical. Nos sorprenderán los potentes aromas a flores (rosa, nardo), notas almibaradas y frutos exóticos (lichis) de los gewürztraminer del Somontano, donde se elaboran los vinos con aromas más intensos. Los blancos de Campo de Borja, Cariñena y Calatayud son vinos más de boca, es decir, con menos aromas pero más consistentes en el paso por la boca. En los blancos fermentados en barrica, aparte de los aromas anteriores, se reconocen aromas de madera, ahumados y frutas más maduras o en compota.

En cuanto al gusto, en los blancos jóvenes dominan dos gustos principales: el dulce y el ácido. El primero lo aportan el alcohol y los azúcares residuales; el segundo, los ácidos del vino. Los blancos jóvenes acostumbran a ser sedosos y consistentes con una ligera sensación final de frescor (cuando catamos un blanco lo definimos como fresco si es ligeramente ácido). La sensación de frescor será más evidente en los vinos de Somontano. Los vinos fermentados en barrica son más complejos y más densos en boca. Al tener una mayor graduación, baja su frescura pero tienen un posgusto más largo.

 Cata de vinos Rosados

Estos vinos son ampliamente conocidos por su frutosidad y frescor. Tradicionalmente elaborados con uva garnacha, poco a poco se condimentan con la variedad vinífera cabernet sauvignon. Estos rosados de corte moderno de la denominación de origen Somontano se encuentran entre los mejor valorados.

Visualmente, los vinos rosados tienen muchos matices, ya que adquieren su coloración a través de los hollejos. Según el tipo de rosado que catemos, con tendencia al tinto o al blanco, las diferencias serán evidentes. En Aragón, los rosados clásicos se vuelven más modernos cuando las bodegas cambian sus formas de vinificar. Estos vinos rosados tienen colores más suaves, y aunque en ocasiones encontrarnos colores grosella, lo más habitual son las tonalidades cereza intenso, salmón y rosa tierno, colores que, en evolución, enseguida degeneran hacia tonalidades anaranjadas y de piel de cebolla cuando los caldos ya tienen más de un año de antigüedad.

Los rosados modernos se obtienen de la concentración de los vinos tintos. Se extrae una

parte del mosto coloreado para que los hollejos tinten más los vinos destinados a la reserva, rosados de colores más intensos con tonalidades más rojizas y violáceas (de frambuesa). Sus evoluciones en botella son más lentas debido a que son vinos con más acidez, lo cual ayuda a alargar su vida útil.

Olfativamente, en los rosados más intensos dominarán las notas de frutos rojos, aunque también podemos encontrar aromas a frutas (fresones, melocotón, albaricoque), lácticos (yogur, leche), confitería (cerezas confitadas, miel, caramelo ácido), flores (violeta, rosas) y vegetales (raspón verde); fragancias más o menos intensas según la personalidad del rosado.

En cuanto al gusto, la sedosidad y la frescura son sus características básicas. Su neutralidad permite un maridaje con muchos platos. Los rosados, más ligeros y menos estructurados, buscan la suavidad y la sedosidad, mientras que los rosados modernos con más estructura táctil y ácida en boca, buscan la personalidad.

 Cata de vinos Tintos

Actualmente, los amantes del vino deseamos que los tintos tengan consistencia, pero que nos produzcan una sensación de agradable suavidad en el paladar. Los vinos tintos de estas denominaciones reúnen dichas características. La variedad garnacha es la principal causante de estas percepciones organolépticas. En el Somontano, el clima más fresco varía el estilo en los vinos sin abandonar agradables sensaciones de redondez.

Visualmente, los vinos jóvenes presentan ribetes color púrpura o morado. Son vinos brillantes e intensos. Estas características serán la base de su juventud. En su evolución, se va perdiendo el brillo y va disminuyendo la capa de color. Para apreciar los ribetes, inclinaremos la copa y observaremos el extremo de la elipse que se forma (en cata, lo llamamos «menisco»). En el centro del menisco valoraremos el color del vino. En este caso, dominarán los granates o morados. La capa de color vendrá dada por su intensidad; si al mirar por encima de la superficie del vino no observamos el mástil de la copa, será un vino con mucha capa.

Al catar vinos con crianza, observaremos colores que evolucionan hacia tonalidades anaranjadas. Las evoluciones serán mayores o menores en función del tiempo de crianza. En vinos realmente viejos, las tonalidades serán totalmente anaranjadas, con ribetes teja.

Olfativamente, en los vinos tintos jóvenes los aromas van muy ligados a los aromas varietales y al tipo de elaboración. Los vinos elaborados con garnacha recuerdan frutos negros más o menos maduros (ciruela). Son aromas que producen sensaciones de profundidad y consistencia. Son sencillos y agradables, y, a veces, potentes y muy redondos. En tintos con crianza, los aromas se vuelven más complejos y desaparecen los frescos. Las frutas se secan y aparecen los caracteres de pasa. Surgen los aromas especiados, balsámicos, de maderas, ahumados, según el tiempo de crianza.

La magia en estos vinos consiste en agitar el caldo en la copa. A cada momento, el vino que olemos es diferente, los matices aromáticos surgen y se diferencian de los anteriores. Según la barrica utilizada, dominará un tipo de aromas u otro. En la barrica nueva, los aromas son más claros y nítidos. Dominan más las notas ahumadas, avainilladas y de madera limpia. En crianza con barricas no nuevas, los aromas son más complejos y están más escondidos en el vino. Surgen las notas animales y especiadas. Esta diferenciación de barricas marca la nota característica de los vinos de concepto moderno y los de corte clásico. En los somontano dominan las maderas jóvenes; en Calatayud, Campo de Borja y Cariñena, los vinos mejor valorados por los expertos contienen mayor proporción de barricas nuevas.

En cuanto al gusto, según su equilibrio entre acidez, alcohol y taninos, los vinos serán más o menos redondos. Los jóvenes son aterciopelados, llenos, voluminosos en boca con finales ligeramente frescos. En los vinos con base de garnacha encontrarnos estas sensaciones. En los somontano destacan las notas más frescas, aunque no por ello dejan de tener estructura y consistencia. En cualquier caso, no podemos generalizar en la cata de los vinos aragoneses porque, en cada denominación, las características climáticas hacen variar las percepciones organolépticas

    • Cargando...
    • Cargando...
    • Cargando...