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Ciudades vitivinícolas del mundo: Toro.

La ciudad de Toro es sede del Consejo Regulador y una de las zonas vitivinícolas emergentes más importantes de España. Sus calles, repletas de conventos, monasterios, palacios y casas señoriales, son testimonio de un pasado glorioso.

Enoturismo | 2015-07-30 11:33:46


El subsuelo de Toro está horadado por más de trescientas bodegas que aún existen, aunque muchas de ellas por miedo al derrumbe estén cegadas, algunas están a casi 20 metros de profundidad. Se pueden ver aún las zarceras a los pies del alzado de las viviendas del casco histórico de la ciudad.  Bajar a la bodega era un ritual diario para los labradores mientras duraba la fermentación, eso sí, con un sarmiento encendido para evitar sorpresas con  los gases que el proceso desprendía.

Muchas de estas bodegas forman un laberinto de arcos de ladrillo y piedra, algunas del siglo XV y XVI, lo que demuestra la raigambre de esta cultura. Estas bodegas sirvieron de refugio en tiempos de contiendas , por eso muchas de ellas tienen depósitos y alacenas donde se guardaban los alimentos y aljibes con agua para subsistir.

Hasta no hace mucho, se podían ver en los balcones y ventanas de las casas de labranza una banderola hecha de arpillera y teñida de verde que pendía de un palo; era el modo de indicar que allí se vendía vino o las llamadas “aguas” (el resultante de lavar las cubas). Los vecinos acudían a los  portalones, bien a comprar con sus garrafas de “cuartilla”o bien a beber en aquellas “tabernas”; era más económico y familiar. Si el vino que se vendía era blanco, la bandera que se mostraba era blanca.

Existen en el casco histórico de la ciudad calles que hacen referencia a profesiones relacionadas con el vino tan importante en la ciudad como Odreros, Boteros; otra tiene el nombre de una zarzuela, “El Cantar del Arriero” porque en una de sus romanzas se hace referencia y se ensalza el vino de Toro.

Los Arrieros vestidos con sus típicos blusones grises, empuñando la tralla, recorrían los caminos y carreteras con sus carros y reatas de mulas cargados de fruta y vino. También venían a Toro de distintas regiones de España, Asturias, Cantabria, Galicia buscando el buen vino para llevar a su tierra. La arriería en Toro fue una clase social o “casta” muy relevante y de gran influencia durante el siglo XIX y mitad del XX .

La incorporación de modernas tecnologías en las bodegas toresanas ha permitido extraer al vino todos los aromas que de forma natural posee y que antes, quizá por exceso de temperatura, se perdían.

Se ha equilibrado el alto porcentaje de alcohol que la tinta de Toro proporciona, adelantando ligeramente la vendimia. Existe un elevado control de tiempos de maceración y de la temperatura de fermentación. De este modo se ha logrado eliminar la aspereza que antes tenía.

La mayor parte de los caldos de Toro son destinados a crianza en madera de roble, pero para evitar que se pierdan los aromas, el tiempo no excede Viñedonunca de tres años.

Los vinos de Toro han encontrado el equilibrio que tal vez les faltaba, pero sin renegar de su fuerte personalidad, ni de su graduación alcohólica, cualidades que siempre le han definido y diferenciado de los demás. Toro apuesta por su carácter, el carácter del vino de la Denominación de Origen Toro.

Las técnicas empleadas en todo el proceso de elaboración, así como el proceso de conservación, tenderán a obtener productos de la máxima calidad.

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