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Clima y paisaje, origen de la fuerte personalidad del vino de la DOCa Priorat: terrazas y costers.

Denominaciones | 2015-02-26 10:33:53


El relativo aislamiento de la zona de la DOCa Priorat respecto de la influencia del mar y, al mismo tiempo, la protección que ofrece la sierra de Montsant a los vientos fríos del norte, le confiere unas condiciones climáticas muy peculiares, marcadas especialmente por las notables oscilaciones térmicas entre el día y la noche. En verano se pueden alcanzar temperaturas mínimas de 12 grados, mientras que las máximas pueden llegar hasta los 40 grados, aunque la superficie del suelo rocoso puede alcanzar valores mucho más elevados. La temperatura media anual es de 14 grados en las zonas más bajas de la DOCa Priorat, pero cae hasta los 12 grados a los pies de la sierra de Montsant. La pluviometría media anual se sitúa entre los 500 y 600 litros por metro cuadrado, un poco más elevada a medida que nos desplazamos hacia el norte.

La tortuosa geografía de esta zona hace que se tenga que cultivar la viña en costers de pendientes tan pronunciadas que obliga, en algunos casos, a construir terrazas. Algunas de estas terrazas son tan estrechas que a penas caben dos filas de cepas, lo que no permite el acceso mecanizado. El paisaje que generan estas viñas es uno de los rasgos más característicos del Priorat.
Si algo tiene el Priorat es excepcionalidad: a nadie se le puede escapar, en un paseo por este territorio, que se encuentra delante de un paisaje singular, de unas características que lo convierten en muy diferente de cualquier otro lugar, aunque pueda tener parecidos orográficos o agronómicos con algún otro.
En la DOCa Priorat, el clima y el suelo se han conjugado para definir un paisaje que quizás no es suficientemente atractivo para algunas personas, pero que puede ser capaz de seducir a muchas otras. La indiferencia nunca es una característica que lo defina. Pero como todo paisaje, la mano del Hombre está presente y le da un toque personal: es el símbolo evidente del esfuerzo, del trabajo en un terreno adusto y difícil, que no puede hacer más que transformarse en un paisaje especial.
A fin de cuentas, la característica principal que define el paisaje de la DOCa Priorat es la uniformidad: cualquiera de los closos, costers, laderas, riachuelos, huertecitos, caminos, incluso las masías… tienen un toque característico y auténtico que les identifica con lo que es la esencia del Priorat. Se sabe que se está en un espacio concreto y definido, un territorio con solera, tradición y espectacularidad paisajística. Es el territorio de la llicorella, que pasa súbitamente de las montañas con suaves cumbres a unas laderas con pendientes impracticables, en que el observador se pregunta como en algún momento alguien ha podido atreverse a plantar viña.
En cuanto a los terrenos, son relativamente ácidos, con un bajo contenido de materia orgánica. Están formados mayoritariamente por pizarras que reciben el nombre de llicorelles, unas piedras planas y quebradizas de color oscuro entre las que penetran las raíces de las cepas en búsqueda del agua y los nutrientes. A estos suelos se les atribuye una de las principales virtudes de los vinos del Priorat.
Fruto del suelo y el clima tan peculiares, la cepa sufre de manera intensa y, como consecuencia, se registran unas vendimias más bien escasas, con unos rendimientos de uva muy bajos, que no superan la cifra de 1 kilo por planta de media, pero que permiten otorgar a los vinos de esta zona una personalidad muy singular.
Esta es precisamente la característica que en los últimos años ha situado a los vinos de la DOCa Priorat entre los más valorados del mundo: la fidelidad a la dureza de una tierra, la adaptación de las diferentes variedades a este suelo y un sistema de producción que lo convierte en una viticultura heroica, hacen que los expertos del país y de todo el mundo identifiquen el vino rápidamente, con tan sólo descorchar las botellas de Priorat. El concepto francés de terroir, o lo que es lo mismo, la fidelidad de un sabor y un vino a su tierra, a su suelo de origen, es uno de los matices más apreciados entre los entendidos.

De hecho, a principios de 2013 la DOCa Priorat ha sido admitida como miembro de pleno derecho en el Centro de Investigación, Estudio y Valorización para la Viticultura de Montaña (CERVIM), con sede en el Valle de Aosta (Italia).

El Centro de Investigación, Estudio y Valorización para la Viticultura de Montaña (CERVIM) es un organismo internacional constituido en 1987 bajo el impulso de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Agrupa a regiones y organismos regionales, nacionales e internacionales que trabajan por la valorización y la preservación de la viticultura de montaña.

Esta institución se regula según la legislación del Valle de Aosta desde 2004, y tiene la sede en esta región. Desde su fundación, el centro defiende los intereses de la viticultura de montaña y con pendientes pronunciadas. Lleva a cabo estudios, investigaciones y congresos y participa en los encuentros internacionales y de sector donde se debaten asuntos relativos a la viticultura.

La DOCa Priorat fue admitida a principios de 2013 en este selecto grupo de regiones vitivinícolas. El 30 de mayo de 2013 el presidente de CERVIM, Roberto Gaudio, presentó en Barcelona y en Porrera la incorporación de la DOCa Priorat a este organismo.

Todas las zonas productoras que forman parte de CERVIM tienen una serie de características comunes que permiten hablar de una viticultura "heroica". La viticultura "heroica" viene definida por una serie de condicionantes en los que encaja la DOCa Priorat, como los siguientes: condiciones orográficas con poca mecanización; viñedos pequeños, a veces fragmentados y a menudo organizados en terrazas; empresas agrícolas con superficie de cultivo contenida; necesidad de inversiones económicas elevadas para la modernización de cultivos y, finalmente, la existencia de condiciones climáticas adversas. En cuanto a la vendimia, ésta suele prolongarse: empieza a mediados del mes de septiembre en Bellmunt y El Lloar y se alarga hasta finales de octubre o principios de noviembre en Porrera y en La Morera de Montsant. La fermentación larga de la uva madura hace posible obtener un cúmulo de componentes de gran riqueza en cada grano y una maceración muy completa. Los vinos jóvenes son de un color denso, y al mismo tiempo de gran brillo, con aromas serenos y persistentes, que se abren con fuerza al paladar. Resultan carnosos, aterciopelados y con mucho cuerpo. El envejecimiento en madera de roble, de donde se obtienen los crianzas y reservas, suaviza los primeros vinos de la agresividad que les da la juventud. De esta manera, ganan una complejidad que sólo se puede describir a través de los sentidos.

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