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Cultura y vino en Calatayud

El cultivo de la vid en Calatayud se remonta al siglo II a. C. confirmado con el hallazgo de un lagar en el pueblo Celtíbero de Segeda –de gran importancia en la guerra numantina-, situado entre los términos municipales de Belmonte de Gracián y Mara.

Cultura del Vino | 2014-12-22 16:32:05


La primera referencia escrita sobre la gran calidad de los vinos de la Comarca se remonta al siglo I y su autor es Marco Valerio Marcial, historiador que nació en la ciudad romana de Bílbilis. Bílbilis Augusta fue una ciudad floreciente en su época y en sus cercanías los árabes fundaron la actual Calatayud.

Los romanos desarrollaron la vid, los musulmanes la abandonaron y los cristianos volvieron a destacar su importancia durante la reconquista como cultivo colonizador. A finales del siglo XII los monges del Cister promovieron la plantación de la vid en esta zona y fundaron el Monasterio de Piedra, y sus bodegas dan fe de la importancia de la vid en las tierras de su entorno.

Con la llegada de la filoxera a Francia los viñedos se extendieron hasta superar las 44.000 ha. Sin duda las buenas comunicaciones ferroviarias de Calatayud favorecían las exportaciones de vino y, en consecuencia, el cultivo de la vid. En la década de los años 60 los viticultores se unen y crean las cooperativas. Posteriormente viendo la calidad de los vinos los viticultores solicitaron la creación de esta Denominación de Origen hasta su ratificación en 1989.

El enoturista tiene lugares para encontrar vestigios pasados de la cultura del vino en Calatayud. En las cercanías del pueblo de Torrehermosa, se puede disfrutar del paisaje, la gastronomía y el vino aragonés, y la naturaleza que en esta región de Calatayud es variada. También se puede admirar una pequeña formación de rocas oscuras conocida como “La nevera” y que solía servir para que siglos atrás los habitantes del lugar guardarán junto con la nieve sus provisiones. Con el tiempo fue sustituida por bodegas de piedra donde cada familia fue en la montaña guardando sus provisiones, y que hoy aún se ven en el paisaje de Torrehermosa.

Las bodegas con más de 250 años de antigüedad se encontraban excavadas a mano y orientas al norte para conservar temperatura y humedad.

Cada viticultor elaboraba su vino de forma artesanal, se pisaban las uvas, y con el raspón incluido se pasaban a fermentar. Desnudos se introducían en el lagar para remover el mosto y los orujos. Una vez acabada la fermentación se separaba el vino y se introducía en depósitos de cemento o toneles de cerezo de 600 hasta 1500 litros, el resto de orujos se prensaba en prensas manuales para extraer el vino.

Después venían los compradores y fijaban el precio por “cantarás”.

Así se funcionó hasta la creación de las Cooperativas allá por los años 50. Hoy en día son testimonio de la historia y la cultura del vino en nuestra zona.

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