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De Alberto Dorado, nominado al Premio al Vino Revelación 2016 de la Guía Peñín.

El histórico vino de la zona, antes de que Rueda fuese Rueda, se conocía como Dorado. Se trataba de un vino rancio envejecido, cuya fama se disparó, llegando a ser considerado como el vino de la Corte en la época de los Reyes Católicos.

Premios y Reconocimientos | 2015-10-22 11:48:42


Curiosamente, sus precios fueron de los primeros en estar vinculados al tiempo de crianza, asociándose mayor calidad y por tanto precio a los más envejecidos. Aquella gloria del vino Dorado fue poco a poco perdiendo su brillo, debido fundamentalmente a la pérdida de interés del consumidor por esta tipología de vinos, y todo ello a pesar de que en la Tierra de Medina todas las bodegas elaboraban esta tipología de vinos. Paralelamente las bodegas fueron dejándose seducir por la elaboración de vino más sencillo y de consumo más comercial.

En 1990, cuando nacía la primera edición de la Guía Peñín, la presencia de estos vinos era residual, en aquellos años solo se cataron dos marcas. Nueve años más tarde, en nuestra edición de 1999, se pierde cualquier rastro de estos vinos, ni una sola marca en los últimos 16 años de la Guía Peñín, hasta ahora, que hemos vuelto a ver aquellos grandes vinos de antaño en una bodega de larga tradición en la zona.

Ha sido la bodega Hijos de Alberto Gutiérrez la que nos ha devuelto la fragancia de estos vinos de crianza oxidativa, de marcados aromas a frutos secos y ligeros toques barnizados con su De Alberto Dorado. Actualmente sólo existen dos bodegas en la denominación de origen Rueda que elaboren estos vinos, una es Hijos de Antonio Gutiérrez y la otra, la bodega cooperativa Agrícola Castellana.

El Dorado es un vino fermentado sometido de seis meses a un año de crianza oxidativa en damajuanas. Estas damajuanas se exponen al sol, al menos dos meses de su crianza ha de estar expuesta al sol del verano, garantizando así su oxidación y concentración.

Tal y como afirma Carmen San Martín Gutiérrez, Gerente y 5ª generación de la bodega, “en 2012 la bodega decidió dar un vuelco a la dirección y retomar las raíces de siempre”, volviendo a dar valor a los históricos vinos de la zona y así es como este vino llega a nuestra copa, después de toda una vida escondido en la bodega, en la que se embotellaba bajo el pedido de algunos pocos afortunados. Lamentablemente, tan gran historia posee una desgraciada realidad.

A pesar de su grandeza, al Dorado de Alberto le sucede lo mismo que a muchos excelentes vinos de Jerez o Montilla, que no es otro que el ínfimo precio al que son vendidos. Y es que vender este tipo de vinos a menos de 5 euros la botella menosprecia su origen de vinos de corte y le resta el valor que realmente merece.

La aparición de este imponente Dorado permite al degustador de vinos hacer un pequeño viaje por la historia del vino de Rueda, ofreciéndole un pedacito de tiempo y de las costumbres vitícolas de antes. También supone una llamada a los orígenes de una tierra de vinos que con el tiempo se fue volviendo excesivamente homogénea y que ocultó en unas pocas botas parte de su pedigrí.

 

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