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Disfruta de los colores del vino en la cata.

La intensidad de la coloración, aun no siendo un criterio absoluto de calidad, nos da una información importante sobre la estructura, el cuerpo del vino y el sabor en boca.

Cata de Vino | 2016-06-15 14:06:17


El color de un vino tinto depende, en buena medida, de su composición fenólica, de su composición antociánica. Su matiz o tono es indicativo de su evolución, por tanto no es indicativo de su calidad, sino de su edad o evolución. La inestabilidad y reactividad de los antocianos son factores intrínsecos que afectan al color, que cambia en los vinos desde el rojo-azulado hasta el naranja pardo.

El vino joven debido a la presencia de antocianos libres presenta el rojo-azulado, vivo, púrpura o rubí en términos enológicos, mientras que el envejecido, el criado, por descomposición y combinación de los antocianos, presenta los tonos naranjas, los que habitualmente se denominan ladrillo o teja.

El primer consejo es saber cómo observar el color del vino. Sosteniendo la copa por el tallo o pie entre pulgar y el índice a fin de ver claramente el vino hay que colocar la copa frente a un mantel o fondo totalmente blanco y con una inclinación aproximada de 45 grados. La claridad del vino, la brillantez, y la profundidad de su color se observarán mejor mirándolo desde arriba. Esto también nos permitirá examinar el color, el matiz, la concentración cromática y los matices del menisco.

El color va unido a sensaciones gustativas y táctiles. Un color oscuro, profundo, que no permite pasar los rayos de luz a su través, es con toda probabilidad lo que se denomina 14un vino recio, fuerte, que al beberlo nos producirá sensaciones de astringencia y amargor, las que se denominan sensaciones tánicas, y que permanecerán durante cierto tiempo en la boca después de haberlo tragado. Es decir, tendrá un post-gusto largo. Lo contrario se podrá decir de un vino tinto de poco color. Su estructura será ligera y lo mismo su post-gusto, que será corto, lo cual no significa que no sea muy agradable. Por eso el catador, instintivamente, y antes de degustarlo, clasifica un vino con mucho color en la categoría de los de mucho cuerpo y un vino mucho más pálido en la de los ligeros o suaves.

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