LLAMANOS 34 91 535 89 90

El arte de la fabricación de las barricas de vino.

La fabricación de barricas es un arte que se ha forjado a través de los siglos gracias al trabajo de los toneleros. Aunque la mecanización ha ido poco a poco relegando la producción artesanal, los pasos necesarios para realizar una barrica han variado poco con el transcurrir del tiempo.

Cultura del Vino | 2015-09-24 11:09:41


Una vez talado el roble, para la fabricación de barricas se reservan las partes del árbol sin nudos, para evitar pérdidas de líquido y oxidación a través de ellos. De esas partes se cortan trozas, que reciben en francés el nombre de billons, con un diámetro entre 50 y 60 centímetros y una longitud ligeramente superior a  la que tendrán las futuras duelas o tablas que componen una barrica.

Los trozos se cortarán a continuación en cuarterones. Normalmente, el roble francés, debido a la finura de su poro, se corta por el sistema de hendido,  que consiste en introducir una gran cuña que desbasta el billon a través de la veta de la madera. De esta forma se evita la abertura de los poros, aunque se produce un mayor desaprovechamiento de la madera. El resto de robles normalmente se cuartean directamente por aserrado.

Las distintas propiedades que presenta la madera de roble son las que lo convierten en una madera idónea para la enología, ya que es la única madera que asegura una penetración lenta y continua de oxigeno. Entre las principales propiedades cabría destacar la permeabilidad o aptitud de un material poroso a dejarse atravesar por un fluido bajo el efecto de un gradiente de presión; la porosidad o volumen de huecos que hay en un volumen aparente unitario de madera seca. Esta propiedad depende del origen del roble; siendo el roble francés más poroso que el roble americano. Por último, cabría destacar el denominado grano de la madera o anchura del anillo de crecimiento de la madera en mm. El tamaño de grano es el que condiciona la transferencia del oxigeno. Es sabido que el roble francés presenta un grano más fino que el americano, de ahí que permita una suave microoxigenación del vino.

Estas distintas propiedades son las que condicionan el tipo de cortado u obtención de los cuarterones de la madera de roble para la fabricación de las barricas.

De cada cuarterón se obtienen dos duelas, que todavía sin su forma definitiva se dejan secar durante un periodo de entre 18 y 36 meses. Hasta aquí el trabajo se desarrolla en las serrerías.

Una vez que la madera está lista, comienza el trabajo del tonelero. Lo primero que debe hacer es dar forma a las duelas, que deberán presentar su  medida definitiva, la cara externa alisada y curvada la interna, los extremos estrechados y los cantos en bisel.

A continuación se procede al armado del casco. Las duelas se colocan verticalmente, y por medio del aro armador se juntan por sus cantos hasta completar una circunferencia. Una vez que se ha dado esta forma, se introducen dos aros metálicos provisionales consistentes (el collero y el tripero) que se emplearán durante todo el proceso de fabricación de la barrica para que no se desajusten las duelas. Es importante insistir en que entre las duelas no hay ningún elemento que las ensamble, sino que se fijan por la presión que ejercen unas sobre otras. Por esta razón es importante que la barrica retenga siempre una humedad en torno al 80 %, para que la madera se hinche y quede compacta.

El número de duelas puede diferir de unas barricas a otras, ya que debemos tener en cuenta que a través de las juntas entre duelas también hay penetración de aire, por lo que puede interesar incluir más o menos en función de los vinos a los que van destinados. Las barricas bordelesas requieren de 28 a 32 duelas para el cuerpo y entre 10 y 18 tablas para los fondos. Para garantizar la resistencia a la presión que ejerce el vino se alternan duelas anchas y estrechas. Una de ellas será mayor que el resto (la duela maestra), ya que se perfora para incluir la corchera u orificio de llenado.

Mediante el domado del casco se curvan las duelas de la barrica para formar el ensanchamiento o barriga central. Para ello se coloca un brasero en el interior del casco, se moja la barrica y, con una cuerda y una sirga que abraza la parte inferior de la barrica, se presiona poco a poco la madera. La combinación  del fuego, el agua y la soga acabarán otorgando la forma definitiva a la barrica. Las llamas del brasero aportarán el tostado al interior de la barrica, que posteriormente se mostrarán en el vino en forma de aromas empireumáticos.

Antes de colocar los fondos es necesario preparar los extremos de la barrica. Esta fase se conoce como el descabezado, mediante el cual se biselan los bordes de la barrica, se igualan los cantos y se abren los jables, es decir, canales donde se ajustarán los fondos.

Para realizar los fondos se unen varias tablas, normalmente en número impar, por medio de clavos de doble punta. Entre las tablas habitualmente se colocan tiras de anea para facilitar la estanqueidad, y, finalmente, tras trazar una circunferencia con la medida correspondiente, se sierra. Los bordes de la tapa adquieren forma de cuña para provocar un correcto encaje en el jable.

El aro armador se quita para encajar los fondos, y a continuación se introduce en el jable una masa de engrudo (agua y harina) para facilitar  un correcto ensamblaje y evitar fugas.

Finalmente se colocan los cellos definitivos, que son más finos que los  aros de armar para facilitar el movimiento de las barricas, y se repasa la parte exterior con bastrenes y rascadores para otorgarle un aspecto óptimo.

Tras abrir la corchera u orificio de llenado, la barrica se llena de agua hirviendo y vapor para provocar su hinchado y evitar fugas. Acabado este  proceso, las barricas a pueden viajar hasta las bodegas, donde en el silencio de sus calados, igual que desde tiempos inmemoriales, seguirán forjando la historia de los mejores caldos.

    • Cargando...
    • Cargando...
    • Cargando...