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El Auge de los vinos de la Isla de Palma

Tras una época de abandono y declive, las viñas de la Isla de Palma, con una tradición vitivinícola histórica importante, volvieron a producir una uva excepcional que está haciendo que el vino de la isla sea reconocido por su calidad.

Producción de Vino | 2014-08-14 12:25:22


En el año 1505 sitúan los historiadores la llegada de las primeras cepas de vida la isla de La Palma, traídas por los propios conquistadores. Sólo pasó el tiempo suficiente para que en aquellas parras maduraran los mejores racimos para que no sólo cubrieran las necesidades de la isla, sino para que se iniciara la exportación ya en el primer de­cenio del siglo XVI. Aunque es a partir de la creación de la Denominación de Origen La Palma, en el año 1994, cuando el sector vitivinícola insular inicia una importante reconversión.

Viñedos que hasta ese momento se hallaban abandonados inician su recuperación, se plantan nuevas parcelas, y el vino de calidad comienza a redescubrirse dentro de la isla y a comercializarse. Un sector en auge que en la actualidad muestra su pujanza con 18 bodegas que producen vinos con denominación de origen y un total de 1.328 viticultores, que tienen inscritos sus viñedos en el Consejo Regulador, totalizando una superficie de 962 hectáreas censadas.

 Por razones de la accidentada orografía, el cultivo se halla en laderas de pendientes pronunciadas, en las cuales se han construido bancales de superficie escasa, mediante obras, cuando menos espectaculares, contenidos por muros de piedra seca. Las plantaciones ocupan una franja de anchura variable, que rodea la isla casi de forma continua, entre cotas de 200 a 1.400 metros de altitud. La práctica totalidad del viñedo está plantado sin injertar, por estar libre del ataque de la filoxera, en pie bajo y sin marco de plantación.

Destacan de sus características vitivinícolas la división en tres subzonas diferencia­das: la subzona de Hoyo de Mazo (centro de la isla), con un cultivo que se mantiene de forma peculiar entre em­pedrados; la subzona de Fuencaliente (en el sur), donde el viñedo se mantie­ne sobre un suelo cubierto de ceniza volcánica (picón) y en prolongadas pendientes; y la subzona Norte donde las tierras y climatología obligan a un cultivo conducido sobre pequeños parrales.

Entre las variedades de vid con las que se elaboran sus vinos destacan tres blancas: la Malvasía, por su particular y excepcional cualidad para hacer vinos dulces naturales; Albillo por su parti­cular potencial floral; y el Listán Blanco, por ser la más productiva y más exten­dida. Además son importantes el Sabro, Bujariego y el Negramoll.

Si bien son reconocidos todos sus vinos por la personalidad de la comarca donde es cultivado su viñedo, el Malvasía dulce, es el más preciado no sólo en el mercado interior, sino el más reconocido internacionalmente. Destaca de este vino su especial aroma, excep­cional pase por boca con una equilibra­da acidez y larga persistencia en el retrogusto. Es un vino obtenido a partir de la variedad malvasía. Sobremadurada por procesos tradicionales de la zona (retrasando la recolección o mediante “asoleado”), con un con­tenido en azúcares residuales que su­pera los 45 gramos por litro, y con un contenido mínimo en graduación alcohólica de 13 %vol

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