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El clima, factor clave para la vitivinicultura argentina.

Las condiciones de clima y suelo hacen que las diferentes variedades de vid se hayan adaptado al terruño argentino y ofrezcan vinos de gran expresión y calidad.

Blog del Vino Argentina | 2015-02-09 17:44:41


La zona dedicada a la vitivinicultura en Argentina, constituye una extensa franja con pendiente variable, ubicada al oeste del país, al pie del macizo andino, desde los 22º de latitud sur, hasta aproximadamente los 40º de latitud sur. Esta gran amplitud en latitud norte-sur, combinada con la topografía de los numerosos valles andinos incluidos en la misma, condicionan grandes variaciones ecológicas que posibilitan la clasificación de regiones vitícolas bien demarcadas.

Esta diversidad de condiciones climáticas, permite el cultivo en cada región de las variedades que resultan más adecuadas, por sus exigencias y características, desde el punto de vista climático y enológico. En la mayor parte de la franja señalada, las altitudes son variables entre los 500 y los 1500 metros sobre el nivel del mar.

La cordillera de los Andes influencia de manera decisiva el clima de buena parte del territorio argentino y principalmente de su zona vitivinícola. El cordón montañoso, por causa de su altura, determina que las masas de aire húmedo provenientes del océano Pacífico descarguen su humedad sobre territorio chileno y en el caso que puedan superar la barrera y penetrar en nuestro país, el aire es seco y caliente, como es el caso del viento Zonda.

Los frentes húmedos que se desplazan desde el océano Atlántico arriban esporádicamente hasta el piedemonte andino. En general, las precipitaciones se producen principalmente en el litoral del país, alcanzando hasta las laderas orientales de las sierras de las provincias centrales y del noroeste.

Por consecuencia, el clima de la zona vitivinícola es, en general, de carácter continental, semidesértico con estación invernal seca, templado o templado frío, con precipitaciones en el período estival, que varían entre 100 y 300 mm anuales, pudiendo alcanzar, en algunos lugares, los 400 mm de lluvia al año. Sin embargo, las precipitaciones níveas invernales en la Cordillera son importantes como reserva de agua.

La humedad relativa es baja, lo que sumado a la escasa precipitación, constituye una condición excepcional para la calidad y el estado sanitario de las uvas, evitando el desarrollo de enfermedades criptogámicas, por lo que los productos vitivinícolas argentinos son prácticamente naturales y libres de residuos de pesticidas.

Las temperaturas apropiadas y una gran heliofanía durante todo el año permiten que las distintas variedades de vid cultivadas puedan completar perfectamente su ciclo vegetativo, alcanzando la madurez industrial y niveles de calidad óptimos.

El cepaje tinto Malbec es el más cultivado y el más característico del país. También se cultiva Torrontés, Chardonnay, Sauvignon Blanc, entre los más destacados cepajes blancos. Y entre los tintos, resaltan Bonarda, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Tempranillo, entre otros.

La elaboración de vinos y mosto es el principal destino de las uvas que se cultivan en la Argentina. El 96 % de la superficie es ocupado por variedades para vinificar, mientras que el 4% restante es destinado para la producción de uvas de mesa, el consumo en fresco y para pasas.

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