LLAMANOS 34 91 535 89 90

¿El consumo de alcohol como enfermedad, o como promotor de salud?

El vino tiene efectos beneficiosos para la salud, pero puede producir efectos tóxicos y perjudiciales con un consumo no moderado. Sin duda, el uso moderado de vino, tiene efectos protectores de la salud humana. Autor: Myriam Narvaez

Vino y Salud | 2016-04-23 21:17:27


En el Génesis de la Biblia se describe la embriaguez de Noé, dando cuenta de los efectos tóxicos del alcohol, escena inmortalizada en la capilla Sixtina por el genio renacentista Miguel Ángel, donde muestra a Noé al fondo plantando un viñedo, y en primer plano Noé alcoholizado, y sus hijos tratando de auxiliarlo.

Es de anotar, que el alcohol en la era moderna y contemporánea se lo ha relacionado más con su consumo hedónico, y patológico en niveles tóxicos, tal es así que la OMS en su Informe Mundial de Situación Sobre Alcohol y Salud del 2014, lo asocia con fenómenos de violencia, prácticas sexuales riesgosas y accidentabilidad con un alto número de muertes, y lesiones, considerándolo un problema de salud pública.

Sin negar que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas se relacionan, con efectos deletreos en la salud de sus consumidores; también es cierto que hay múltiples estudios que indican claramente que el uso moderado de vino, tiene efectos protectores de la salud humana, ¿cómo armonizar estos dos fenómenos, y justificar su consumo, dentro del punto de vista de la salud?.

Primero no debemos confundir, fenómenos de conductas patológicas de abuso de sustancias, con el efecto de la sustancia en sí, cuando se consume dentro de cánones recomendados de salud, tanto biológica, como psicológica y socialmente.

¿Por qué hay sociedades que tienen consumo excesivo comparado con otras?.
En el caso de las Américas, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2007), gran parte de la responsabilidad en esta parte de la geografía, es que hubo fenómenos de aculturación, en las primitivas sociedades autóctonas, el alcohol no era un objeto comercial, sino que una vez cubiertas las necesidades alimentarias, los excedentes de las cosechas, se destinaban a la fermentación y eran utilizados principalmente como presentes o en actividades festivas y religiosas, muchas veces destinadas a restringidos grupos sociales y elites religiosas. En la colonia su producción pasó a ser comercial y se usó incluso como pago en los obrajes, esto ayudó a que en algunas sociedades, las bebidas alcohólicas sean consumidas hasta el exceso, como consumo episódico, lo que en nuestro argot popular se llama el “san viernes”, a diferencia de lo que sucede en otras sociedades, en las que culturalmente hay un consumo cotidiano, como parte integrante de su estilo de vida, por ello si vemos en el mapa del informe de la OMS, los países mediterráneos, tienen mayor consumo per cápita que los andinos, entre ellos el nuestro, podría ser que el problema no es de cantidad, sino de modalidades o de patrones de consumo, y probablemente, aunque más discutido, del tipo de bebida alcohólica.

Por otro lado, existen estudios que indican que factores como la religión y valores culturales, si bien inciden, parecen ser menos importantes que el entorno social existente en la formación de un modelo de consumo de alcohol, es decir estos patrones culturales y religiosos, son a la larga, modificados por el entorno cercano en el que se desenvuelve el individuo.

Como se mencionó arriba, el conocido patrón de consumo cotidiano de alcohol, y específicamente de vino, de las poblaciones que se asentaron en torno al Mediterráneo es la otra cara de la medalla. El reto estaría entonces en tomar los patrones saludables de estas culturas, y tratar de adoptarlas sin dañar o tergiversar los factores positivos de las culturas receptoras.

 

 


 

    • Cargando...
    • Cargando...
    • Cargando...