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El decantador de vino. Diseño a través del tiempo.

Los decantadores se utilizaban en principio para evitar los posos y cristales de tartárico que precipitaban en algunos vinos, posteriormente se consideró una forma de aireado ligero que evitaba el olor a reducido muy frecuente en muchos vinos.

Curiosidades | 2015-12-03 13:42:43


Los decantadores también tienen su función para evitar el roce de precipitados en boca, que son claramente molestos en la degustación de un vino. El decantador se utiliza principalmente para oxigenar ligeramente el vino potenciando así algunos aromas en vinos viejos, por ello sigue teniendo vigencia hoy el uso de decantadores en estos vinos que en contacto con el aire inmediatamente antes del consumo, sufren unas transformaciones rápidas.

En época romana y posteriormente en la edad media, los decantadores eran simples jarras más pequeñas que las ánforas utilizadas para el servicio del vino. Así los primeros decantadores eran pequeños cántaros de barro, pasando a recipientes de madera decorados y formados con aros de bronce o de plata, utilizándose sin embargo también jarras de porcelana china y cuencos de alabastro. La civilización griega empleaba ánforas vinarias de pequeño tamaño profusamente decoradas según la época.

Fue a partir del siglo XVI cuando el vidrio comenzó a tomar de nuevo protagonismo, en los útiles para el servicio del vino, comenzando los decantadores a ser auténticos objetos de arte, profusamente tallados, con emblemas y tapón y empleado en ocasiones incluso como recipiente de conservación. Normalmente tenía forma de pera con base muy ancha como muchos de los actuales.

Posteriormente y desde los siglos XVIII y XIX, los diseños se multiplicaron apareciendo decantadores de bronce nuevo y por supuesto de cristal, con formas redondeadas, cuadradas, elípticas, muchos de ellos con collarines indicativos del vino que contenían y otros en vidrios con mucho colorido que pasaron del estilo barroco al neoclásico y posteriormente al estilo modernista.

En algunas épocas la decantación se hacía cerca de una vela encendida colocada debajo o junto al cuello de la botella, cuando el vino pasa al decantador para detectar con toda nitidez los posos; esta técnica apoya el efecto estético de la decantación, siendo evidentemente esta iluminación la forma más eficiente de asegurarse una correcta decantación.

Se han empleado muselinas a modo de filtro en la decantación, tapones piña que generan múltiples hilos del chorro del vino, o pequeñas boquillas con objeto de airear el vino o incluso emplearse filtros simples de porcelana, plata o acero, o incluso filtros con auténticos y complicados serpentines con la idea de oxigenar lo más rápidamente el vino.

Realmente hoy el buen filtrado en las bodegas y el tratamiento con frío, ha hecho perder gran parte de su protagonismo a estos utillajes de decantación, aunque en ocasiones todos encontraremos botellas con tartratos precipitados.

En el caso de utilizar embudos, entre los que hay verdaderas obras de arte de la orfebrería, debemos recordar que, especialmente si éstos son largos y terminados en caña o espiral, algunos metales perjudican o pueden dar sabores extraños al vino, por ello debemos evitar utillajes realizados en metal, excepto el acero.

Si se decide no decantar, ya que el oxigenado rápido de un vino añejo como hemos visto no sólo evita los olores de reducción (y a cuero o caza), sino que puede dañar su equilibrio, siempre es conveniente dejar reposar la botella en vertical antes de descorcharla y abrir la botella unas dos horas antes de servir el vino, aunque lo mejor sin duda es recordar que 361si el vino no tiene defectos, los olores añejos y los posos no son más que una garantía de vinos de calidad, extremo este no compartido si los posos son causa de defectos o de malas prácticas enológicas, o de falta de higiene en el proceso de elaboración.

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