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El desarrollo del Enoturismo en España.

Esta nueva realidad turística que pretende hacer frente a los nuevos gustos de la sociedad, aglutina dos actividades dispares pero con un importante peso para la economía nacional: el turismo y la producción de vino. Autor: José Ángel Moreno de la Santa Millán.

Concurso Enoturismo 2015 | 2015-03-31 17:52:33


Fotografía: En la imagen se aprecia el típico paisaje rural manchego en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real); con su mar de viñas repartidas por la inmensa llanura y sus casillas o quinterías de planta rectangular, orientadas al Sur y encaladas con los tradicionales rodapiés añil.

España es, según el Instituto de Estudios Turísticos, el tercer país del mundo receptor de turismo, pues en 2013 batió su propio record recibiendo más de 60 millones de turistas del exterior. Tan solo EE.UU. y Francia son capaces de generar un turismo superior al que hay en nuestro país. Este incremento del turismo está íntimamente relacionado con el aumento del tiempo de ocio e ingresos de la sociedad global que sigue una tendencia hacia viajes más cortos y con una mayor frecuencia, lo cual está condicionando la creación de nuevos productos turísticos relacionados principalmente con el ámbito rural.

Por otro lado, cabe destacar la importancia que España tiene en el sector vitivinícola donde, al igual que en turismo, ejerce el tercer puesto en ranking mundial de producción de vino, solo superado por Francia e Italia. Aun así, la superficie dedicada al viñedo es superior a la de estos anteriores, aproximándose al millón de hectáreas en todo el territorio nacional. Estas cifras las encabeza la que hasta hoy es la región del mundo con mayor superficie dedicada al viñedo: Castilla-La Mancha, que cuenta con la mitad de dicha cantidad.

El Enoturismo (término patentado por el municipio de Aldeanueva de Ebro), denominado también Turismo del vino o enológico, es hoy una nueva tipología de turismo de interior que se ha empezado a desarrollar recientemente, pero cuyos precedentes son mucho más longevos. Para conocer esta nueva forma de hacer turismo, se debe hacer un análisis previo que permita conocer como se ha comportado la sociedad respecto al campo o mundo rural. En los años 50 y 60, los conocidos como del desarrollismo, muchos pobladores del campo se vieron forzados a abandonar sus núcleos rurales y asentarse en ciudades donde la calidad de vida era más asequible y el trabajo no era tan escaso. Este movimiento relegó al campo a un segundo lugar, donde el atraso y las dificultades económicas hicieron mella en un territorio donde predominaba el agrarismo.

Poco tiempo después, en la década de los 70, se inicia un movimiento social que modifica bruscamente con el flujo poblacional que hasta entonces existía entre el mundo rural y el urbano. Este es el denominado neorruralismo y nace vinculado, en un primer momento, al movimiento contracultural hippie. Estos dotan a los territorios rurales de crecimiento y rejuvenecimiento poblacional en términos demográficos, y crean y desarrollan actividades económico-culturales integradas en el medio ambiente; lo cual es considerado hoy día como el germen del turismo rural o de interior.

Ya en los años 80, se empiezan a desarrollar una serie de establecimientos rurales destinados al turismo, los pioneros se llevaron a cabo en aquellos lugares donde la agricultura no tenía apenas peso en la economía, aunque posteriormente los territorios agrícolas también se han unido a esta corriente principalmente desde el primer tercio de los 90, cuando en la UE se asienta el denominado postproductivismo agrario. Esta nueva situación comunitaria apuesta por la búsqueda de productos caracterizados por la calidad y actividades complementarias a la agricultura que diversifiquen la economía de los núcleos rurales.

Aquí es donde aparece el Enoturismo dado que se identifica claramente con las premisas que el postproductivismo pretende implantar y sobre todo con la pluriactividad; ya que este turismo ha desarrollado en zonas interiores una fuerte atracción por las actividades deportivas, culturales, y especialmente gastronómicas que se ven perfectamente reflejadas en las Rutas del Vino.

Actualmente en España el Turismo del Vino se desarrollada a través de rutas del vino o enológicas, de las que existen multitud tanto privadas como públicas gestionadas por ayuntamientos, asociaciones, etc.; la primera Ruta del Vino que se creó fue en Cambados (Pontevedra), la cual se destinó al fomento del conocido Albariño. A pesar de esto y debido a la creación de ACEVIN (Asociación Española de Ciudades del Vino), existen 22 de estas rutas que a día de hoy están acreditadas por dicha entidad, lo cual garantiza una calidad y un compromiso turístico ligado a Denominaciones de Origen determinadas. Tanto las Denominaciones de Origen como las Indicaciones Geo¬gráficas Protegidas son otro de los aspectos positivos que manan del Turismo del Vino, mostrando además los postulados de calidad que dicho postproductivismo agrario ansía conseguir.

El turismo del vino está teniendo un gran desarrollo en España en los últimos años; sin embargo, en otros países como los tradicionales Francia e Italia o Australia y EE.UU. (denominados del Nuevo Mundo por su breve trayectoria en el mundo del vino), esta tipología de turismo ya cuenta con una larga experiencia. El Enoturismo puede ser visto por visitantes (nacionales e internacionales) como una alternativa o un complemento al masificado turismo de sol y playa, y de hecho esto se puede ver contrastado ya que algunas de las mencionadas Rutas del Vino de ACEVIN, están recibiendo una enorme cantidad de visitas.

El turismo del vino está revalorizando los paisajes agrarios y el patrimonio rural, aspecto que sin duda contribuye a que paisajes culturales tan emblemáticos como el Viñedo Manchego o cualquier otro, puedan estar reconocidos por la UNESCO en la Lista de Patrimonio Mundial por su valor cultural, motivo que ensalzaría aún más el Enoturismo. El hecho de que paisaje y turismo son términos afines, se encuentra en la siguiente cita del Convenio Europeo de Paisaje en el año 2000:

“el paisaje desempeña un papel importante de interés general en los campos cultural, ecológico, medioambiental y social; constituyendo un recurso favorable para la actividad económica y que su protección, gestión y ordenación pueden contribuir a la creación de empleo”.

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