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El Enoturismo como desarrollo local del territorio.

El movimiento del turismo del vino quiere ser garante de la vigilancia del medio ambiente y de la agricultura de calidad y se propone como promotor de un estilo de vida.

Cultura del Vino | 2015-09-17 12:39:58


La Carta Europea del Enoturismo que fue presentada en el III Congreso de Museos de Vino en España el 25 de febrero de 2005 en Laguardia (Ala- va), y que describe el siguiente  texto:

1.  Los territorios vitivinícolas deben jugar un rol  determinante en la conservación, gestión y valoración de los bienes territoriales, y asumir en las experiencias concretas el valor de modelo, tanto en sus objetivos como en la metodología de su aplicación, así como asumir su responsabilidad en relación entre el territorio y su explotación.

2.         Los recursos territoriales y vitivinícolas deben ser tutelados, pre- servados y cuidadosamente gestionados, con el fin de que puedan estar siempre disponibles para su utilización individual y económica por parte del territorio.

3.         La utilización de los recursos territoriales y, particularmente viti- vinícolas, no deben perjudicar la supervivencia de otras especies animales o vegetales del ecosistema.

4.         Los ecosistemas vitivinícolas deben ser titulados de una forma eficaz y salvaguardados de su vulnerabilidad, consecuencia del fuerte impacto inmobiliario y especulativo.

5.         Las zonas vitivinícolas pueden constituirse en entidades de referencia para el desarrollo de un territorio. Los modelos de gestión, definidos sobre bases rigurosamente científicas, deben garantizar la conservación de los ecosistemas en su integridad y complejidad biologica.

6.         Las zonas vitivinícolas, para conseguir estos objetivos, deben promover una cooperación eficaz entre ellas, especialmente cuando comparten una misma región o país.

7.         Las zonas vitivinícolas han de promover el intercambio de informaciones en términos de datos, conocimiento, modelos de gestión, tecnología, modelos de análisis.

8.         Las zonas vitivinícolas han de desarrollar un rol determinante en la difusión de una auténtica “cultura del vino”, que tenga como consecuencia la necesidad de una gestión integral, correcta y esmerada, para su explotación racional tanto en términos ecológicos como sociales»

Si analizamos esta Carta, vemos que  hay  una  preocupación territorial por la explotación del espacio, la especulación y el posible deterioro medioambiental. Parece más un problema de gestión del territorio, aunque cite el desarrollo y la cultura del vino.

Durante años se ha pensado que el único potencial económico de las ciudades y regiones vitivinícolas era el derivado de la propia actividad productiva, descartándose cualquier otro uso proveniente de la propia actividad, únicamente se han hecho algunos intentos de promoción de aspectos culturales locales con relación a la recolección de la uva, pero es algo que empieza a cambiar.

Este proceso es idéntico a lo acontecido en España al inicio de la actividad turística rural. En aquel momento los agricultores eran muy remisos a aceptar extraños en sus domicilios o a realizar tareas que se apartaran de las propiamente agrícolas. Hoy es normal encontrar casas rurales en la mayor parte de los pueblos de  España.

Si hablamos de los agricultores también deberíamos citar a los propios bodegueros que aún hoy siguen dudando, en muchas regiones, de la validez de este tipo de actividad; aunque sean muchas las Denominaciones de Origen que están organizando su proyecto de enoturismo.

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