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El enoturismo en la economía de las comarcas.

La importancia que va adquiriendo el turismo del vino o enoturismo, son muchas las comarcas rurales que están apostando en las últimas décadas por considerar a estas actividades entre sus estrategias de desarrollo socioeconómicos.

Enoturismo | 2015-07-08 11:42:23


La actividad turística comienza a ser considerada como una  alternativa que permite, una cierta recuperación socioeconómica ante la crisis de las  zonas rurales y existe una tendencia la necesidad de diversificar el turismo de sol y playa fomentando otras tipologías de turismo; que a su vez además se ser una actividad generadora de riqueza sino también es un factor  determinante en la conservación de los recursos naturales y socioculturales. El turismo rural y enológico está creciendo además gracias a las nuevas tecnologías de información e internet, que nos acercan destinos antes no conocidos.

Los empresarios vitivinícolas se han dado cuenta que, en tiempos de crisis, la diversificación y la combinación de la actividad vitivinícola con el turismo podría ofrecer importantes oportunidades alternativas de negocio a través de la venta directa de vino. El enoturismo ofrece en el marco del turismo rural, esas oportunidades dinamizadoras en ciertas comarcas, y además con un plus, ya que el enoturismo no necesita de restricciones estacionales, aunque claro está, unos meses son más aptos que otros para visitar las comarcas del vino. Por ello, el turismo enológico, el cual, bien gestionado, puede contribuir en gran medida a fomentar y dinamizar los procesos de desarrollo rural sostenible de muchas comarcas, cuya tradición vitivinícola es larga y conocida a lo largo del tiempo.

Hay que tener en cuenta, que los turistas que se acercan a conocer una ruta del vino por ejemplo, el turismo no sólo está proporcionando ciertos ingresos a los propietarios de establecimientos, sino que está generando efectos de arrastre hacia otras actividades productivas locales tales como restaurantes, bares, pequeños comercios, construcción, producciones agrarias y artesanales, etc. Por tanto, por sus características específicas el turismo del vino se configura como una de las actividades dinamizadoras más importantes a tener en cuenta en los procesos de desarrollo en zonas vinícolas donde se ha puesto en marcha.

Una ruta del vino consiste en la definición de uno o varios itinerarios  que recorren la comarca en cuestión, normalmente, los agentes de desarrollo local y ayuntamientos se están ocupando de que la ruta esté perfectamente señalizada, y se indiquen las diferentes bodegas y demás lugares relacionados con el vino, suministrando además información sobre lugares históricos u otros de interés. Así el tour es complementado con patrimonio cultural y natural.

Mucho más que turismo del vino: enoturismo como turismo cultural.

Por supuesto, la visita a las bodegas, junto con la degustación de vino y el maridaje con productos típicos de la tierra, es de lo más importante para estos viajeros. Pero todo lo orbita alrededor de esta comarca contribuye a hacer la experiencia única en el lugar seleccionado, ya que se trata de vivir una experiencia completa. Por ejemplo, la degustación de vino del campo de Borja y la visita al Monasterio de Veruela, que además de ser un conjunto histórico artístico de primer orden, vinculado al escritor Gustavo Adolfo Bequer, es ahora parte del Museo del Vino.

Si se hace un estudio de la promoción del enoturismo, se puede comprobar que éste se ha desarrollado en base al diseño de rutas turísticas basadas, en parte, en la filosofía ya existente procedente del turismo cultural. Así, estas rutas se caracterizan por la existencia de atractivos tanto naturales (montañas y otros paisajes) como físicos (bodegas, centros de interpretación, museos del vino, etc.).

Así mismo es importante dentro de esta parte cultural vinculada al turismo del vino, resaltar la arquitectura e historia de las propias bodegas. Importantes arquitectos de todo el mundo han participado en el diseño de bodegas, grandes templos del vino. Por poner un ejemplo, enclavada en la localidad gaditana de Jerez de la Frontera, el grupo bodeguero González Byass (productores del Brandy Jerez y Tío Pepe) es considerado como uno de los pioneros en aunar bodega y arquitectura. Así, su establecimiento tiene más de dos siglos de historia. La Real Bodega de la Concha de Jerez fue inaugurada en 1862, en honor a la reina Isabel II, que visitó entonces las bodegas andaluzas. Un gran número de bodegas sigue la estela de diseño y arquitectura que las convierten en grandes catedrales del vino, incluyendo museos dentro de las propias fincas, sin lugar a dudas un reclamo más para el enoturista.

Turismo medioambiental.

Y por supuesto, los amantes del paisaje y la naturaleza tienen un gran hueco en este tipo de turismo. El paisaje es la expresión visual del orden en que se combinan los elementos naturales y culturales, integrantes del sistema territorial. El paisaje del vino se compone de una realidad compleja de gran valor patrimonial. los viñedos, como resultado de una obra humana, individual y colectiva a lo largo de generaciones, adquieren personalidad propia, constituyendo un espacio paisajístico que hoy se percibe como depositario de formas de vida, de tradición y de una ancestral relación con el medio natural.

Un ejemplo de esto es por ejemplo el Paisaje Cultural del vino y el viñedo de La Rioja y Rioja Alavesa.  Es un modelo excepcional de la continuidad de una tradición cultural viva que se inicia en época romana y que tiene un especial desarrollo a partir dela Edad Media hasta convertirse en el elemento dominante en el paisaje. Ha basado su desarrollo en una convivencia equilibrada entre tradición, desarrollo e innovación.

El paisaje vitivinícola se ha de proteger, porque éste puede ser un recurso para desarrollar el municipio o la región vitivinícola. A partir de la producción de un vino de calidad, embotellado y que muestra el carácter de la región, del terruño y de la gente que ha cultivado las viñas y ha elaborado el vino. De ahí la importancia de las Denominaciones de Origen, que protegen el producto de una región haciéndolo único y singular. El vino que se hace en ese lugar no puede ser el mismo que el vino que se hace en otro lugar, porque hay diferentes condicionantes. Aprender a leer un territorio, de su cultura, de lo que hace especial a sus vinos es el nuevo reto para el enoturista.

 

 

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