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El enoturismo permite viajar, descubrir nuevos paisajes y catar mucho más que vino.

El enoturismo permite descubrir que una botella de vino es una pequeña obra de arte en la que se ha trabajado el tiempo necesario, con pasión y dedicación, para provocar posteriormente a la persona que lo consume, placer y felicidad. Autor: Laia Balcells Tost

Concurso Enoturismo 2015 | 2015-03-31 16:41:57


El vino es un producto apreciado por su sabor, textura, cuerpo, color, aroma, etc. Se trata de una obra de arte efímera ya que al disfrutarla, desaparece, pero el recuerdo de un buen vino, permanece para siempre en la memoria. Un buen maridaje, mejora la comida, la conversación, la noche…

In vino veritas, en el vino está la verdad. El vino es y ha sido desde hace mucho tiempo parte de nuestra cultura y de la vida de muchas personas. Es un placer pasear entre los viñedos a pie o en bicicleta, visitar bodegas diferentes, maridar el vino con la gastronomía y cada vez más gente, es la que opta por hacer este tipo de turismo.

El enoturismo o turismo enológico es aquel tipo de turismo cuya prioridad es potenciar las actividades económicas relacionadas con la vinicultura. A éste, se le unen el turismo gastronómico, cultural, de experiencias…

El enoturismo permite conocer un país, un territorio y una zona en concreto a través de sus vinos. Los vinos son un reflejo del pasado, el presente y el futuro de la tierra, de la gente y de la tradición.

A parte de visitar las bodegas los turistas pueden alojarse entre viñedos, conocer la gastronomía y los vinos de cada territorio, degustar los productos típicos y artesanales, descubrir la naturaleza, la cultura del territorio, participar en fiestas populares, ferias… Esto permite que sea un turismo abierto a todo tipo de público, pudiéndose adaptar perfectamente a la demanda. Independientemente de si se viaja solo, en pareja, en familia o en grupo, las visitas en las bodegas y todas las salidas y experiencias, pueden proporcionar una estancia de lo más cómoda y agradable a los visitantes.

Se han creado rutas donde se puede disfrutar de una escapada a diferentes denominaciones, diferentes bodegas, diferentes rincones donde quizás no hay otro tipo de turismo. Por lo tanto, este tipo de turismo también incentiva a promover pequeños pueblos, rincones casi olvidados, que esconden grandes tierras, y bodegas donde se elaboran grandes vinos. También permite descubrir el paisaje, el patrimonio arquitectónico y cultural que rodea y complementa la bodega. 

La experiencia de catar los vinos en el lugar de su producción y elaboración permite entender las características del mismo, observar el paisaje, vivir el clima, entender los tiempos de elaboración, los procesos, la dedicación que conlleva…

Una botella de vino es un juego entre una larga e interminable conjugación de factores que influyen en su desarrollo. Tanto la zona, el clima, el momento de la cosecha, el tipo de cultivo, las variedades cultivadas, la forma de tratar tanto a la cepa como al vino posteriormente en la bodega, el tipo de barrica utilizada, el tipo de botella, el tapón, … influyen tanto en el sabor, en el aroma y en todas las propiedades del mismo.

Los matices de un vino que procede de un mismo terroir varían de añada en añada. Los viñedos, junto con el resto del paisaje, se transforman de estación en estación y el ciclo madurativo de la vid se ve afectado por la climatología particular del año.  Es por esto que se habla de las añadas: conseguir un producto excelente cada año es un proceso que conlleva mucha pasión y dedicación.

Además, cada estación da un paisaje fantástico y hace que todos los momentos del año sean buenos para admirar el viñedo: la experiencia será diferente, especial, en cada uno de ellos. Así que el viajero curioso encontrará en el enoturismo una fuente inagotable de experiencias enriquecedoras.

El valor enológico y cultural de los recursos enoturísticos refleja el quid de la cuestión. No hay enoturismo sin cultura del vino ni sin personas que lo aprecien. La cultura del vino es el pilar principal donde se apoyan todas las experiencias que la complementan. El vino tiene grandes posibilidades temáticas, dado que se trata de un elemento cultural de gran valor y cuenta con una enorme cantidad de servicios, actividades, patrimonio y experiencias turísticas.

Cada vino representa un paisaje, habla de su tierra, tiene su personalidad y produce ciertas emociones. Es un producto con vida, va cambiando, y es que realmente, el vino es vida. Experimentar y disfrutar del enoturismo permite a los turistas mucho más que catar vinos.

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