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El olfato: un sentido que trabaja el doble durante la cata de vino.

El olfato (sentido que en general infrautilizamos) es muy importante en nuestra vida. Al nacer tenemos un gran potencial olfativo, pero al no darle importancia a su utilidad, poco a poco lo vamos perdiendo.

Cata de Vino | 2014-06-18 13:21:25


En el ser humano el centro del olfato se encuentra en el bulbo olfativo. Es un órgano que se sitúa en la parte alta de la cavidad nasal. Las moléculas aromáticas que tiene el vino (o cualquier otro producto) llegan al bulbo olfativo. Según la cantidad y la composición de las moléculas, se origina un impulso nervioso que va al cerebro, donde se percibe la sensación olorosa, se clasifica y se identifica.

Hay dos vías por las que los aromas lleguen al bulbo olfativo:

- La directa: los aromas pasan por la fosa nasal.
- La retronasal: cuando llevamos el vino a la boca y después de pasar los aromas por la garganta ascienden al bulbo olfativo.

En el análisis olfativo en la cata de vino, acercaremos la copa a la nariz. El primer paso será a copa parada, es decir, sin realizar ningún movimiento. Mediremos su intensidad aromática y apreciaremos si el vino tiene aromas limpios u olores desagradables.

Para diferenciar los aromas limpios de los “sucios” en la cata hay que meter la nariz en la copa y aguantar cinco segundos. Si aguantamos este tiempo sin que el cerebro nos mande retroceder, será señal de que el vino no tiene olores desagradables.

Después, en el segundo paso, oleremos tras agitar la copa, notando si existe variación en los olores antes percibidos y, al mismo tiempo, identificaremos los aromas. Al agitar, conseguimos la aireación del vino y una exaltación de los aromas.

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