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El paisaje de viñedo protegido de la Geria

El paisaje histórico de La Geria, que atrae a miles de visitantes, que posee una protección especial y que pretende obtener alguna nominación como patrimonio cultural.

Cultura del Vino | 2014-10-23 12:41:19


Dentro de ese conjunto el agricultor contemporáneo genera un nuevo paisaje aprovechando terrenos que de forma artificial cubre de “rofe” y planta la viña longitudinalmente, protegida por muros corridos que la separan del viento.

Esta formación sobre suelos enarenados es tradicional pero se incrementa a partir de la posibilidad de transporte del “rofe” por medios mecánicos. Para poder entender nuestra visión global del paisaje, queremos también citar cómo condiciona la normativa y la intervención legislativa en el paisaje.

Finalizados los períodos eruptivos los campesinos pudieron observar que las plantas, generalmente frutales y vides, que sobrevivieron a la avalancha de cenizas y lapilli (picón) crecían sin dificultad, incluso de forma favorable, y parecían mantener un grado de hidratación impropio de la pluviometría de la zona. Fue esta la razón por la que se instauró el cultivo en esta zona inhóspita de suelos cubiertos por material piroclástico y azotada por fuerte vientos.

La técnica de cultivo consistió en excavar un hoyo de unos 6 metros de diámetro y entre dos metros y dos metros y medio de profundidad hasta llegar al substrato edáfico preexistente y plantar sobre él vides, preferentemente. Con el material extraído se formaban medias lunas, que eran protegidas por muros rudimentarios hechos de rocas volcánicas, que protegían de esta manera a toda la formación y a la vid del viento.

Otra forma de cultivar en estos terrenos consiste en excavar sin llegar al suelo fértil preexistente. Cuando la estructura excavada es suficiente, se rellena en parte con tierra fértil y se protege toda la formación con picón (lapilli) y el muro de piedra volcánica, adquiriendo la forma de media luna.

El lapilli tiene la capacidad mantener la temperatura del suelo constante y de retener la humedad de la escasa lluvia y de rocío y no dejarla evaporar, evitando así la desecación del suelo cultivable y favoreciendo el crecimiento de los vegetales plantados. Las plantaciones son preferentemente de vid, higueras y algunos frutales.

El paisaje resultante típico de esta zona es el de una vasta extensión de terreno negro horadado con formas de medias lunas todas orientadas a sotavento y, cada una de ellas con un vegetal incluido. Por lo general, existen entre 200 y 300 plantas por cada hectárea.  Esta espectacular manera de cultivar en suelo volcánico es ya conocida en todo el orbe, y por ello visitada por una gran cantidad de turistas venidos de todas partes del mundo.

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