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El paisaje y vino de la Geria como elemento turístico de primer orden en Lanzarote.

Las erupciones volcánicas del siglo XVIII sepultaron enormes extensiones de terreno fértil, y solo el ingenio de quienes tenían la necesidad de vivir del campo logró arrancar de las entrañas de la lava la uva que después se transforma en vino.

Enoturismo | 2015-11-24 18:22:03


Las peculiaridades geográficas conforman un paisaje en el que unos de los viñedos más singulares de España necesitan de un mantenimiento constante, manual y también heroico. Hay viñas enterradas en hoyos en forma de embudos y otras protegidas de los vientos por muros semicirculares de piedra que exigen cuidados todo el año; y son esos cuidados los que, a la vez, ayudan a que ese paisaje único en el mundo atraiga la atención de miles de aficionados al turismo del vino, una actividad en auge y con un futuro prometedor en nuestra isla.

Y es que se empiezan a introducir modalidades asociadas al  patrimonio cultural: turismo rural, senderismo, turismo de salud,… Uno de los  mayores éxitos en este tipo de turismo complementario al sol y la playa lo está  teniendo el enoturismo, pues las bodegas de La Geria en estos últimos años han  apostado por incrementar la calidad de los caldos (por ejemplo introduciendo  nuevas variedades como la Sirac) y por mejorar los canales de comercialización  del producto. Asimismo se ha querido introducir la cultura del vino en los  paquetes turísticos que ofrece la isla.

El cultivo del viñedo en la isla de Lanzarote data del siglo XVIII, tras la  conformación de arenados volcánicos surgidos debido a la erupción de  Timanfaya (1730 -1736), localizándose en la zona central-meridional de la  propia isla en una extensión de aproximadamente 200 km² que recibe el nombre  de La Geria. Esta técnica de cultivo permitió producir diferentes variedades de  viñas (malvasía, diego, listán, burra….) en una isla que tiene un clima desértico,  esto es menos de 150 mm anuales, además con el agravante de la irregularidad  de las precipitaciones y su carácter torrencial, una gran evapotranspiración, entre  700 y 800 mm anuales y unas temperaturas medias de 20° C, siendo el mes más  frio enero donde las temperaturas no bajan de 10°C, y el más cálido agosto en  torno a los 30°C, por último señalar que la fuerza y persistencia de los vientos  alisios es muy elevada, alcanzando en ocasiones los 25/30 km/hora. No obstante  los efectos higroscópico, mulching y de cubierta del suelo para evitar la  escorrentía de la lapilli han propiciado tal paisaje agrario.

Entre los distintos productos que se le ofrece al turista en esta zona  vitivinícola están la degustación y venta de vinos en las bodegas, la posibilidad  de comer productos locales (pescados, carnes, legumbres,…) acompañados de  vinos locales; realizar excursiones a pie (senderismo) por este singular espacio, precisamente en la Guía oficial de senderos de Lanzarote hay una ruta que  atraviesa la totalidad de este espacio; carreras o cross por la zona de las bodegas.

Así se están dando los primeros pasos para promocionar y posicionar el vino  de Lanzarote, a través de la  gastronomía y el turismo enogastronómico. Un turismo que además es un modelo turístico individualizado y especializado. Frente a los modelos de turismo de masas, se  proponen estrategias de pequeña escala y dirigidas a  un público individualizado y exigente.

 

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