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El placer del maridaje en la Ruta del Vio de Montilla Moriles.

El territorio que ocupa la Ruta del Vino Montilla-Moriles ofrece también la posibilidad de combinar el mundo del vino con otros placeres, como el patrimonio natural e histórico y sobre todo la gastronomía.

Enoturismo | 2016-02-09 14:19:54


La tierra de Montilla-Moriles imprime en sus vinos aromas contienen tales, a tomillo, romero y monte bajo. Jóvenes, finos, amontillados, olorosos, palo cortado, Pedro Ximénez y moscatel, se han erigido a lo largo de los años los mejores embajadores de esta tierra andaluza.

Sin embargo no hay mayor placer que acompañar estos vinos del sabor de otros productos de la tierra, cosa que es fácil en la comarca, ya que el tapeo es una manera informal de descubrir un abanico de manjares típicos de la zona ligados a los excelentes caldos de la tierra que son servidos por los famosos venenciadores andaluces.

Alrededor de los vinos de Montilla-Moriles esta Ruta permite vivir una experiencia única sumergiéndose en un entorno privilegiado, lleno de tradiciones ancestrales y espacios singulares que ofrecen al visitante toda una oferta completa de cultura y gastronomía en la campiña cordobesa.

La cocina de los pueblos de la Ruta posee una identidad propia en la que los productos de la tierra se unen al poso de las culturas árabe, judía y cristiana y en la que los vinos Montilla-Moriles son perfecta compañía o un ingrediente más. Un delicioso recorrido que lleva a conocer platos como el salmorejo, el flamenquín, las habas con berenjenas y morcilla, la sopa de gato, las naranjas picás con bacalao, la roña de habichuelones, el potaje de castañas, las gachas de mosto, el arrope, las merengás de café y fresa, las orejitas de abad, el dulce de membrillo, el pastel cordobés, los alfajores, los panetes, los roscos de San Blas, etc.

Esta Ruta también ofrece sabores innovadores como la reducción de Pedro Ximénez para aderezar postres, aperitivos o platos principales, cada vez más utilizada en la cocina de autor, y otros originales productos como los helados de vino o la gelatina de Pedro Ximénez, complemento ideal de paté, foie, quesos, carnes a la brasa o simplemente con unas tostadas.

Las festividades, romerías y festivales, en los que el flamenco siempre está presente son otros de sus atractivos, así como una de las mejores ocasiones para brindar con el vino de la tierra.

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