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El viaje de la variedad Malbec, insignia argentina

El viaje de la cepa Malbec, se trata de un viaje de ida y vuelta, de Europa a América, para finalmente regresar al Viejo Mundo, enriquecido con el vigor de la naturaleza, los climas y suelos del Cono Sur

Blog del Vino Argentina | 2014-10-23 11:33:23


Se trata de un itinerario lleno de vitalidad y tensión dramática, signado por las luchas de poder y las utopías, las victorias y derrotas. Tomaron parte reyes y nobles, tropas de ejército y de marina, fuerzas inglesas, francesas, españolas y de otras naciones. También participaron  templarios y mosqueteros, en una trayectoria incierta, con tramos de oscuridad y silencio, alternados por otros de brillo y sonidos de música y alegría.

Argentina suele celebrar el día mundial del Malbec, y es que su historia lo merece. El centro histórico de producción de Malbec fue Cahors, localidad ubicada en el sudoeste de Francia, cerca de los Pirineos. Se encuentra relativamente cerca de una de las principales regiones vitivinícolas de Francia: Burdeos está 200 km al este de Cahors.

Una tradición sostiene que la vid ingresó a esta región en la segunda centuria de la presente era (alrededor del año 150 después de Cristo), procedente de Italia, introducida por los romanos. También se considera posible que haya llegado de otras zonas de Europa. Lo que está claro es que allí se cultivó esta variedad, con la cual se elaboró un producto llamado a adquirir singular prestigio, tal como reconocieron escritores y reyes a lo largo de los siglos, desde personajes Horacio y Virgilio en tiempos de Roma hasta la influyente Leonor de Aquitania en la edad media.

Uno de los aspectos más enigmáticos de esta historia es el lazo entre el Malbec y la Rochelle. El importante puerto, era el punto clave de la conexión entre el vino de Cahors y el mercado inglés. Fue la bisagra articuladora del proceso de comercio, transporte, abastecimiento del mercado y construcción de la cultura de apreciación de este vino. La Rochelle fue un punto crítico en las luchas de poder entre las Grandes Potencias. Allí se enfrentaban flotas y ejércitos de Francia, España, Inglaterra y otros reinos. La acción constante desplegada en La Rochelle, se conectó con los imaginarios sociales, y llegó también a los escritores. En medio de esas luchas de ideas y de prestigio, los vecinos de La Rochelle mantuvieron constante su tarea de embarcar los vinos de Cahors para mantener abastecido el mercado británico.

La expansión del Malbec por el mundo, fuera de Francia, iniciada en el siglo XVIII hacia el este, se completaría en la centuria siguiente, hacia el oeste, para llegar al Cono Sur de América: en efecto, en las décadas de 1840 y 1850, las cepas de Malbec se comenzaron a cultivar en las Quintas Normales de Santiago de Chile y Mendoza.

El Malbec llegó a Chile en la década de 1840. En el marco de la apertura política y cultural generada a partir de la Independencia, la clase dirigente chilena comenzó a mirar hacia Francia con creciente interés, con ambiciones de superación. En este contexto, uno de los aspectos que se procuró incorporar, fue la vitivinicultura francesa, incluyendo sus cepas y sus técnicas de elaboración del vino.

La Quinta Normal de Santiago operó como una estación experimental, en el sentido de introducir nuevas especies y variedades de plantas europeas, adaptarlas a los suelos y climas americanos, y luego difundirlas en la región para mejorar la producción agrícola y agroindustrial.

Mientras Chile avanzaba con sus instituciones y sus innovaciones tecnológicas, la Argentina permanecía en una situación de estancamiento por problemas políticos. Después de la caída de Rosas y la normalización institucional de la Argentina, se generaron las condiciones para recuperar el tiempo perdido. Sarmiento regresó a su país y promovió la fundación de la Quinta Normal de Mendoza. Siguiendo el modelo de Francia y Chile, esta Quinta Normal se propuso incorporar nuevas variedades de cepas, como medio para mejorar la industria vitivinícola nacional.

El proceso de transferencia de plantas de la Quinta Normal de Santiago a la Quinta Agronómica de Mendoza, resultó, a la larga, decisivo para esta historia. Posteriormente, este esfuerzo se extendió hasta San Juan, donde también se creó una Quinta Agronómica. Bajo la protección política de Sarmiento, estas unidades lograron incorporar millares de plantas para avanzar en el proceso de renovación de la agricultura en general, y la viticultura en particular.  En una carta de 1862, Sarmiento daba cuenta del silencioso camino recorrido.  En este marco se produjo la incorporación de las uvas francesas a la viticultura argentina, particularmente del Malbec.

El Malbec se adaptó muy bien a los suelos y climas de Argentina en general, y de Mendoza en particular. Los viticultores lo acogieron con entusiasmo y, poco a poco, se expandió como la principal cepa de la viticultura nacional. Al comenzar el siglo XX, la mayor parte de las viñas de Mendoza ya estaban formadas por la entonces llamada “uva francesa”, que era la forma de denominar principalmente al Malbec. Poco a poco, esta variedad fue apreciada y valorada. En el censo de viñedos de 1962 se registraron 58.600 hectáreas cultivadas con Malbec en Argentina, sobre un total nacional de 259.800. Posteriormente sobrevino una crisis que motivó una fuerte reducción de los viñedos nacionales y del Malbec en particular.

La vitivitinicultura argentina inició su recuperación a partir de 1990, apoyada en el Malbec como cepa estrella. La superficie cultivada con esta variedad trepó de 10.500 hectáreas en 1990 a 16.350 en 2000, 26.900 en 2008 y 28.500 en 2009. El crecimiento en este periodo de veinte años (1990-2009) fue del orden del 173%. El Malbec consolidó su posición como cepa emblemática de la viticultura argentina para sus vinos tintos, y lideró las exportaciones nacionales que, a partir del año 2000, iniciaron un avance progresivo y sin precedentes.

Argentina comenzó a exportar vino en cantidades relevantes al comenzar el siglo XXI. Estuvo preparándose para ello durante un siglo y medio a lo largo del cual, se realizo una intensa labor de cultivar la viña y elaborar el vino, en busca de los métodos más adecuados a las características de sus suelos y climas. Fue un largo proceso de experimentación, de ensayo a través del método de prueba y error. Hasta que finalmente, se logro dar el salto y se inicio el camino de las exportaciones que iniciar el camino de regreso.

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