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El viñedo y la variedad Pedro Ximénez en Montilla-Moriles.

Una historia vitivinícola que comienza con una leyenda. Fue un soldado de los tercios de Flandes, Peter Ximén, quien trajo a la campiña cordobesa sarmientos de una vid que se cultivaba en el Valle del Rin.

Cultura del Vino | 2016-03-08 10:16:11


Esta variedad se aclimató excepcionalmente al suelo y al clima de la zona y, a partir de aquel momento, la totalidad del mosto para la elaboración de los vinos de esta Denominación (excepto del joven que se mezcla con otras variedades) procede de ese tipo de uva que pasó a denominarse Pedro Ximénez.

La mayoría de los municipios vitivinícolas de esta zona están ubicados en el sur de la provincia, una zona en la que se extiende una verde alfombra de viñedos, olivares y fértiles campos de cereal, salpicada de pueblos blancos encumbrados en cerros. La zona norte es el terreno de las tierras albarizas, de colores pálidos y aspecto casi lunar donde las vides se adornan con manchones de olivos.

El viñedo debe ser adulto y de la variedad selecta Pedro Ximénez, debiendo estar ubicado en “lo alto de un cerro” o en lugares alomados. El suelo y subsuelo deben ser profundos, el suelo ha de ser poco fértil y el subsuelo con alto poder retentivo de humedad. La cepa ha de tener muchas raíces, poco cuerpo y abundantes hojas y los frutos han de cogerse maduros. La cosecha ha de ser corta, pues cantidad y calidad están reñidas.

El suelo, es un factor que condiciona la respuesta del viñedo, y por ende la composición de la uva de cara a la vinificación, bajo la fuerte influencia que ejerce el clima de la zona, actuando fundamentalmente como reserva hídrica para la vid, además de ejercer una influencia a través de sus propiedades fisicoquímicas.

De madrugada, se sale al viñedo. En época de poda, se pasa la mañana cortando sarmientos, brotes y hojas para conseguir mantener la cepa en la forma que se quiere, distribuir la carga de uvas sobre ella y sobre todo reducir el número de racimos para conseguir una cosecha de calidad. Por la tarde se pican los sarmientos y se dejan como abono natural.

A lo largo del año se practica la poda de invierno o en seco y la poda de primavera o en verde. La poda tradicional de la zona de Montilla-Moriles es la corta o a la ciega. Consiste en cortar dejando las yemas lo más pegadas posible a la cabeza de la cepa para que la hoja tape los racimos y los proteja y para que nazcan pocos de ellos, consiguiendo así una alta concentración de azúcar en la uva.

A finales de agosto y principios de septiembre, el viñedo se llena de una actividad febril, ya que comienza la vendimia. La mano de obra se multiplica para recoger la uva en su punto exacto de maduración. Se recolecta desde muy temprano hasta el mediodía pues el fruto debe entrar siempre fresco en el lagar.

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