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El Vino en México.

En el país existen cerca de 3,350 hectáreas destinadas al cultivo de uva para la producción de vino, destacando las que se encuentran en Baja California, Zacatecas, Coahuila y Querétaro, al producir aproximadamente 27 mil toneladas de uva en cada ciclo agrícola. Autores: Isabel Font Playán, Patricia Gudiño Pérez, Arturo Sánchez Martínez

Blog del Vino México | 2010-06-11 10:44:33


La industria vinícola en México se integra por los productores de: uva de mesa, uva pasa, jugo de uva concentrado, de vino y los de licores de uva (brandy).
Para entender el contexto del vino en el México actual, es necesario revisar el contexto histórico. La producción del vino en México, se remonta a la época de la conquista española; para los colonizadores españoles el vino era un elemento muy importante de su dieta diaria, ya que además de usarlo como complemento de los alimentos, también lo usaban como medicina y para reponer energía. Cabe mencionar que antes de la llegada de los españoles, los indígenas usaban las vides salvajes para crear una bebida parecida al vino (conocida como vino de acahul) con frutas y miel, pero debido a que las vides de la región eran muy ácidas no se podía producir vino con ellas.

Por ello, luego de conquistar por completo México, Hernán Cortés mandó traer de España las primeras vides europeas, las cuales se adaptaron de manera rápida al clima de la región. El mismo Cortés, emitió un decreto para plantar mil pies de vid por cada cien indígenas, acción que junto con la adaptación de las vides, derivo en el desarrollo de la vitivinicultura en la nueva colonia. Sin embargo, debido a esta situación se dejaron de traer vinos desde España, lo cual provoco que los productores españoles tuvieran menos ingresos y se pusieran celosos. Esto hizo que el Rey Felipe II prohibiera plantar más vides y la destrucción de aquellas con uvas de buena calidad, aunque tal restricción no aplicaba a las misiones establecidas por los religiosos, quienes siguieron elaborando vino para las celebraciones. A partir de este hecho, la producción del vino en el país se volvió más difícil, siendo hasta el año de 1920 cuando los vinos mexicanos se comenzaron a producir seriamente; aunque debido a la falta de infraestructura, la nula selección de variedades y desconocimiento de la vinicultura, los productos no eran de buena calidad.

En 1948 se creó la Asociación Nacional de Vitivinicultores con quince empresas cuya la finalidad es la de fomentar el desarrollo del cultivo de la vid, la industrialización de la uva y comercializar los productos obtenidos; así como proteger y mejorar la calidad de los productos vitivinícolas. Es a partir de esa década que la producción de vino mexicano comienza a crecer, debido a que muchos granjeros decidieron cambiar los campos de algodón por vides. Por ello entre 1970 y 1980, la producción de vinos se triplico y la calidad de los mismos mejoró.

De esta manera en los años noventa, la apertura comercial acontecida en México “permitió que se consolidaran las bodegas con verdadera vocación vinícola;
bodegas grandes y pequeñas iniciaron la producción de vinos de la más alta calidad, invirtiendo en equipo y aplicando tecnologías europeas de punta, para competir con los buenos vinos importados de todas las regiones vinícolas del mundo” (Poncelis, 2007: 54). Actualmente, la producción de vinos mexicanos finos es una realidad, pero requiere de mayor apoyo por parte de los consumidores, para desarrollarse y así consolidar su posición tanto en el mercado nacional, como en los mercados extranjeros.

La industria vinícola mexicana ha crecido en los últimos años, al grado que, según la Asociación Nacional de Vinicultores (2008) estima que apoya en gran medida la economía del país. Según dicho organismo, su valor es de aproximadamente 137 millones de dólares, en donde la mitad de la producción es mexicana y el resto se importa de países como Chile, España, Estados Unidos y Alemania.

México es considerado el productor más antiguo de vino en Latinoamérica, sin embargo, la industria de vinos de calidad en el país es relativamente reciente; y existe mucha competencia con Estados Unidos, Chile y Argentina.

Además, el vino mexicano se exporta a 21 países, entre los cuales destacan Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Japón, Francia y España.
Por otro lado, al pasar los años el consumo per cápita de vino en México se ha incrementado, ya que en 2003 se consumían aproximadamente 200 mililitros por persona al año, cifra que aumento a 340 mililitros; y para 2007 alcanzó los 500 mililitros. Cabe destacar que en esta cantidad es poca en comparación con Estados Unidos (12 litros por persona), Chile (17 litros) y la Unión Europea (55 litros), por ello Palencia (2006), menciona que en 2006 México era considerado uno de los países con menor consumo de vino, el número 65 a nivel mundial.

Además la misma autora dice que según información de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), “la industria vitivinícola mexicana produce 1.5 millones de cajas de vino al año, de las cuales 1.2 millones se quedan en el mercado nacional y más de 300 mil se exportan. La industria nacional exporta cerca del 25% de su producción vitivinícola, el mayor porcentaje al mercado europeo”.
Con el tiempo, el bajo consumo inicial de vino en el país ha cambiado, ya que el vino mexicano empieza a ser considerado importante internacionalmente, gracias al sector restaurantero, en busca de romper las fronteras nacionales e incrementar la demanda, lo cual ayudaría a lograr mejores condiciones laborales, y así tal vez aumentar el empleo en el sector.

El mercado nacional del vino empieza por jóvenes de 23 a 35 años que antes no consumían, pero que, debido a la difusión de los beneficios del vino para la salud, comienzan a beberlo con más frecuencia. Estos cambios en los hábitos de consumo se están haciendo globales; incluso Rafael Almada, director general ejecutivo de la Asociación Nacional de Vitivinicultores, A.C menciona que con el tiempo el paladar del consumidor mexicano ha evolucionado y se ha vuelto más exigente.

Por ello, las empresas vinícolas del país han usado algunas estrategias para comercializar el vino, por ejemplo; las empresas pequeñas, al ver que la venta de vinos de mesa era un segmento no atendido, pusieron atención en el mercado de los restaurantes y hoteles de lujo, evitando vender vinos en tiendas departamentales, debido al poco cuidado (temperatura inadecuada para almacenarlos, poca luz, posición inadecuada) que se les puede dar en ese tipo de lugares. Un claro ejemplo de esto es el vino “La Purificadora”, el cual lleva ese nombre gracias a un hotel homónimo ubicado en la ciudad de Puebla. Elaborado por el enólogo Pau Pijoan, es 60% Garnacha y 40% Cabernet Sauvignon, es considerado un vino fresco y ligero. Lo interesante de este vino nacional, es que sólo se puede conseguir en el ya mencionado hotel, no es posible comprarlo en otro lugar ya que su producción es pequeña y exclusiva para el hotel “La Purificadora”, lo cual agrega un plus a dicha bebida.

Por otro lado, la empresa vinícola Monte Xanic ha variado sus estrategias con el tiempo, pero la que mejor resultado le dio, fue dar a conocer sus productos con ayuda del banco, el cual mandó un pequeño suplemento llamado “El espíritu del vino” (editado por la vinícola) a sus cuenta habientes, donde se les invitaba a llamar a los teléfonos de la empresa para obtener una botella de vino gratis, así, el 10% de estos (cuenta habientes), obtuvieron una botella, lo cual sirvió para dar a conocer los productos y crear buena impresión.

Empresas como Domecq, L.A. Cetto y Bodegas Santo Tomás, venden sus productos tanto en restaurantes como en supermercados, con la intención de que haya una mayor disponibilidad de los vinos para las personas. Por ello, se puede afirmar que las principales estrategias de comercialización y distribución de las vinícolas mexicanas son: “acudir a mercados exclusivos a través de ventas en hoteles, restaurantes y tiendas de vinos y licores, o recurrir al mercado masivo y mantener el producto prácticamente en todos los centros comerciales del país, además de estar presente en los mercados exclusivos, como lo hacen las empresas pequeñas” (Armenta, 2004: 148).

Otro aspecto que es importante mencionar, es la promoción de los productos vinícolas mexicanos. A pesar de que la industria ha ido creciendo, los recursos destinados a la publicidad de los vinos no son altos, por lo cual algunas empresas sólo anuncian sus productos en revistas exclusivas para conocedores del vino; y en pocas ocasiones se usan medios masivos como la radio o la televisión. A pesar de esta situación, se dan actividades encaminadas a promover los vinos nacionales, tal es el caso de la campaña publicitaria (en 2001), “Vino mexicano apreciado por su sabor, premiado por su calidad”, la cual consistió en persuadir a los consumidores de la calidad de los vinos mexicanos, a través de anuncios en radio y televisión, con apoyo de la Asociación Nacional de Vitivinicultores y distintos organismos públicos.

Otro ejemplo de promoción de la cultura del vino; es que desde el año 2000 en la Finca Doña Dolores de Ezequiel Montes, en la ciudad de Querétaro, durante el primer fin de semana de noviembre, los productores más importantes de vino se reúnen para realizar actividades en torno a dicha bebida: ferias culinarias, conciertos, subastas de arte y recorridos por una de las bodegas más grandes del país. El objetivo del evento es dar a conocer los beneficios de la bebida y promover su consumo en la dieta de los mexicanos. Este acontecimiento es organizado cada año por la empresa Freixenet, y en el evento de 2008 participaron las empresas vinícolas: Bodegas Santo Tomás, Bodega Ferriño, Grupo Cetto, Casa Pedro Domeq, Monte Xanic, Valle Redondo y Viñedos la Redonda.

Es necesario mencionar también aspectos negativos que afectan a la industria mexicana del vino, por ejemplo, “40% del mercado de consumo está representado por las zonas turísticas como Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta y Los Cabos.

Cada uno de ellos, supera en lo individual al consumo total de la ciudad de México y el área metropolitana” (Almada, citado por Wriedt, 2005), lo cual sugiere que los consumidores de este producto por lo regular cuentan con gran nivel adquisitivo y que está relacionado con el turismo.

Además, el sector sufre de una gran competencia sobre todo de los vinos europeos y chilenos; los cuales llegan fácilmente debido a que en la Unión Europea, existen subsidios para el campo, los procesos, la comercialización y exportación del vino; en Chile, aparte de haber subsidios, cuentan con arancel cero para entrar al país. Mientras tanto en México, no hay subsidios de ningún tipo, sólo algunos apoyos de parte del gobierno. Otro aspecto que afecta negativamente, es la percepción de que el vino mexicano es muy caro, esto debido a dos impuestos, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que sumados son de 43%, lo cual encarece el producto, además no pertenece a la canasta básica. Esto se puede observar mejor a continuación.

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