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El Vino ha de respirar antes de ser servido.

La decantación ya supone una aireación que será más o menos enérgica según cómo se realice. La aireación pretende que el vino “ respire” antes de ser servido. Se trata de acelerar el proceso de oxigenación que se empieza a producir desde el descorche. En algunos casos se trata de que desaparezcan con la aireación olores a moho, a corcho, excesivas reducciones u otros defectos. Autor: Juan José Otamendi

Servicio del Vino | 2014-06-05 11:38:36


Los vinos a airear son en todo caso los tintos con medio o mucho cuerpo, tipo Burdeos o Ribera del Duero o un Cabernet de California. En principio no deben airearse vinos con menos cuerpo, más sutiles, tipo Rioja o Borgoña.

En una casa particular bastará con descorchar la botella una o dos horas antes.
En el restaurante, el cliente quiere tomarlo ya, sin esperas, por lo que habrá que airearlo más rápidamente.
A tal fin se trasvasará el vino a una jarra aireadora, utilizando si es necesario el tornillo de dispersión.
El Sumiller que conoce los vinos de su carta, sabrá de antemano qué vinos conviene o no airear.

Algunos vinos exigen que entre la apertura de la botella y su consumo, transcurra algún tiempo. Se trata de vinos de guarda en los que su larga permanencia en botella origina que al momento del descorche nos produzcan la sensación de “ cerrados”, con escasos aromas, que hay que “ abrir”.

En principio basta con descorchar la botella con antelación suficiente o, si esto no ha podido preverse, utilizar algunos instrumentos que aceleren el proceso de oxigenación del vino.
Pero a veces no se sabe si debe airearse hasta que se prueba el vino.

Se denomina aireador a dos cosas distintas; por una parte a unas jarras de cristal de diferente formato que tienen en común una boca ancha para que el aire penetre con mayor facilidad. Se vierte el contenido de la botella en la jarra, con lo que se acelera el proceso de oxigenación.

Además de aireadores, tenemos decantadores. Como en el caso anterior, se llaman decantadores a dos tipos de instrumentos con la misma finalidad; por un lado están las jarras de cristal, con el fondo generalmente plano, con la pretensión de que los posos que escapen al decantado se fijen allí, y por otro, los embudos filtrantes.

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