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El vino joven, buena calidad cada vez más apreciada en las catas de vinos

Hasta no hace mucho, decir vino joven era sinónimo de vino vulgar, más bien tirando a barato. Eran por lo general los vinos de mezcla, de calidades inferiores. El gusto por lo natural de los últimos tiempos ha puesto de moda el vino joven.

Cata de Vino | 2014-08-14 09:21:43


Vinos inundados de aromas florales y frutales, que convertían la juventud en una maravillosa cualidad. Y es que en un vino joven es donde mejor se refleja la casta de las cepas y los sabores de uva. Desde esta suerte, los blancos y rosados jóvenes han alcanzado los primeros puestos entre los gustos de los consumidores del mundo entero.

España, como en otras muchas cosas, se ha sumado con retraso al vino joven cuando ya en Italia, Francia y Alemania el vino viejo era la excepción. En un principio, en España, la elaboración del blanco joven ha sido fruto del desarrollo de la viticultura y la enología, debido a que muchas de las variedades de uva que se cultivaban no eran las apropiadas para producir esos vinos aromáticos.

Quizá el Penedés haya sido la zona que más ha contribuido a la renovación y puesta al día del viñedo español, aclimatando variedades nobles capaces de producir los mejores blancos. La cuidada selección de los terrenos más apropiados, la modernización de los métodos de cultivo y las nuevas técnicas enológicas, han hecho posible la revolución de los vinos  jóvenes. Los métodos de vinificación son de vital importancia.

Pueden lograrse notables vinos aun partiendo de uvas vulgares, sobre todo, gracias a determinados procesos de elaboración y selección de levaduras. El control de la temperatura es la condición más importante en el proceso de fermentación de los vinos para preservar sus aromas. Los grandes depósitos de acero inoxidable con sistemas de refrigeración comenzaron a desbancar a los grandes depósitos de cemento a finales de los años 70. En la década siguiente, el vino joven inicia una rehabilitación progresiva y las bodegas comienzan a polarizar sus esfuerzos tanto en la elaboración de vinos jóvenes, como de larga crianza. Por otra parte, para las bodegas, la elaboración y embotellado de un vino joven de calidad es más rentable porque evita el almacenamiento prolongado y, por consiguiente, menor inmovilización de capital en stock además de impedir las mermas de vino por evaporación en la crianza y envejecimiento en barricas.

Hay que tener en cuenta que el vino joven no debe consumirse más allá de los 3 ó 4 años. Hasta ahora hemos hablado de los vinos jóvenes que expresan la virtud de la juventud, pero no podemos olvidar uno también joven, aunque en regresión, que representa el mayor volumen de consumo. Es el vino común o “de litro”, que es algo así como los retales del vino, mezclas de cosechas, orígenes e incluso tipos de vino, que acaba refrescándose con gaseosa. Es el vino sin pedigrí.

La juventud en el vino no sólo es una cualidad apreciada en los blancos y rosados, también la juventud se está instalando en los tintos como señal de calidad. Vinos que están adquiriendo unos estilos más frescos y afrutados, liberados sus sabores naturales de la acción homogeneizadora de la madera, cuyos amargosos taninos se sustituyen por los vivos y saludables taninos cedidos por la uva.

Se llama vino nuevo al más precoz de los vinos jóvenes, casi para consumir recién elaborado. Los mejores mostos de una zona y una uva determinada, son destinados para la elaboración de este vino de calidad que estará de inmediato listo para su consumo, cuando aún conserva intactos los rasgos de la uva.

Los franceses han sido los pioneros en la elaboración de vinos nuevos y su “beaujolais” se ha convertido en un auténtico éxito comercial, hasta el punto de que su llegada cada año es esperada con gran expectación por parte del público consumidor, ávido por probar cuanto antes el primer vino del año. En su elaboración es necesario forzar los procesos de fermentación, clarificación y estabilización sometiéndolo a sistemas de centrifugación, filtrados y tratamientos en frío, a diferencia de lo que ocurre con el vino joven, donde dichos procesos se desarrollan más lentamente y de forma natural.

El principal problema del vino nuevo es su limitada conservación. El calor es su gran enemigo, con él, los aromas y sabores se difuminan y se pierden. Debe pues consumirse en el invierno y la primavera siguientes a su cosecha y elaboración. Aunque el vino nuevo, parezca un invento de nuestros días, fue el primero que comenzó a consumir el hombre. El vino de la última cosecha era el que se bebía enseguida, que a duras penas alcanzaba a la cosecha siguiente. Durante siglos, se anunciaba su llegada entre alegrías y festejos de bienvenida. En España sin embargo, lo que se ha celebrado ha sido la llegada de la cosecha, con aquellas ceremonias que hoy incluso están en declive. Son las “fiestas de la vendimia”, que durante el anterior régimen se potenciaron a partir de los años 40.

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