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En los años setenta aparecieron en Estados Unidos las primeras máquinas de vendimiar.

La vendimia, época trascendental en la vida de todos los viñedos, también es un momento crucial en la elaboración de un vino de calidad.

Cultura del Vino | 2014-07-23 17:44:38


El aumento del costo de la mano de obra, vacaciones escolares de verano más cortas, perfeccionamiento de las máquinas... El desarrollo de la mecanización de la vendimia era inevitable. De todos modos, en ciertas regiones la tradición de la vendimia manual se ha mantenido. A veces por razones técnicas, como en los viñedos situados en terrazas, en los que la máquina no pueden trabajar, en otros casos, como en ciertos pagos porque el elaborador recurre a equipos de vendimiadores muy cualificados.

A principios de los años setenta aparecieron las primeras máquinas de vendimiar nacidas en Estados Unidos, con el paso del tiempo los mecanismos se perfeccionaron y su utilización se extendió por todo el mundo. La máquina de vendimiar funciona según un principio muy simple avanzando por las hileras, está provisto de batidores laterales que hacen caer las uvas sobre una alfombra constituida por escamas, retráctiles al paso de la vid. Después de haber eliminado las hojas con un ventilador, la cosecha se coloca en una cinta transportadora. Puede operar tanto de día como de noche, y esta última opción es de gran relevancia en determinados momentos para aprovechar la óptima maduración y para evitar que la uva llegue al lagar con síntomas de haber iniciado la fermentación.

La máquina no impide que el hombre siga siendo el principal protagonista de las operaciones esenciales, principalmente la de elegir el mejor momento para vendimiar. Todos lo saben: la finura y la tipicidad del vino descansan en una recolección de uvas perfectamente maduras.  La evolución de la maduración es el resultado de numerosos factores. En primer lugar, conviene tomar en consideración las condiciones meteorológicas de principios de primavera. Son las que determinan la fecha de partida de la vegetación, que puede variar más de veinte días entre un año precoz y un año tardío. A continuación, la duración necesaria para la maduración es, más o menos, constante. Pero en cualquier caso depende de las condiciones climáticas que se produzcan de julio a septiembre. En consecuencia, aunque tenga una ligera idea, el viticultor, nunca sabe con certeza cuál será el día ideal para la vendimia. Determinará el instante crucial visitando cotidianamente su viñedo par examinar  la uva.

Aspecto exterior, sabor azucarado, cada viticultor tiene su truco para juzgar la uva; un secreto familiar que se transmite de padres a hijos, hoy en día. A estos métodos nacidos de una observación, a lo largo de la historia, del ciclo de la vid y del vino se han sumado, en nuestros días, análisis químicos (azúcar y acidez) que aportan una mayor garantía. En numerosas regiones vitícolas, los técnicos y los viticultores realizan un mes antes de la vendimia controles de maduración que, transcritos en forma de curvas, indican con precisión el mejor momento para recolectar.

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