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Enemigos de la vid y el vino: mildiu, oídio y podredumbre gris.

Estas tres afecciones o enfermedades de la vid son muy extendidas y son las causantes de muchos disgustos entre los viticultores, pueden arruinar una buena cosecha y un buen vino. Te contamos en qué consisten.

Producción de Vino | 2017-01-25 10:53:41


El mildiu es una enfermedad causada por un hongo parásito obligado (Plasmopara viticola) que puede afectar a todos los órganos verdes de la vid (hojas, pámpanos jóvenes, racimos antes del envero); los viticultores la llaman “mancha”.

El hongo inverna principalmente en las hojas muertas del suelo y, en primavera, las abundantes lluvias y temperaturas superiores a 11ºC favorecen el desarrollo de la enfermedad. Los síntomas en la hoja son muy característicos distinguiéndose en el haz manchas amarillentas que reciben el nombre de “manchas de aceite” y que en el envés de la hoja, si el tiempo es húmedo, se manifiestan como un polvo blanquecino. Al final del ciclo vegetativo estas manchas adquieren la forma de mosaico.

Ataques severos provocan una desecación parcial o total de las hojas y la caída prematura de las mismas, repercutiendo en la cantidad y calidad de la cosecha, así como en el buen agostamiento de los sarmientos. En el racimo se produce un oscurecimiento del raspón que acaba adquiriendo forma de “S”. Las flores y bayas también se oscurecen y, al igual que las hojas, pueden desarrollar un polvo blanquecino.

El oídio es otra enfermedad de origen fúngico. En este caso, el hongo (Uncinula necator) inverna principalmente en el interior de las yemas, en los sarmientos, en las hojas y también en la corteza de las cepas. La luz baja y difusa, la humedad y, en especial, temperaturas entre 25ºC y 28ºC son los factores climáticos que más afectan al desarrollo de la enfermedad.

En cuanto a la sintomatología, las hojas se crispan y se cubren de un polvo ceniciento tanto en el haz como en el envés, que, a diferencia del mildiu, desaparece al frotarlo. Este polvo plomizo también se observa en los racimos y en ataques severos, las bayas se agrietan ocasionando la pérdida de la cosecha. Estos ataques también provocan un mal agostamiento de los sarmientos. Los viticultores se refieren al oídio con los nombres de “ceniza” o “plomo”

Existen diferentes tipos de podredumbres que pueden afectar a la vid, entre ellas, la podredumbre gris es la más extendida. La podredumbre gris, también llamada botrytis debido al nombre del agente causante (Botrytis cinerea), se ve favorecida por la humedad elevada, temperaturas próximas a 18ºC y por heridas producidas en las bayas.

La sensibilidad de las variedades a esta enfermedad varía en función del grado de compacidad del racimo y del grosor de la piel de la baya. Los racimos afectados presentan un aspecto podrido y, en ocasiones, con una capa de moho grisáceo.

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