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Enoturismo en la tierra de Pedro Ximénez. Lagares y Leyendas.

En una tierra rica que conserva un importante legado cultural, histórico, arquitectónico, artístico y etnográfico, nacen los vinos generosos de la D.O. Montilla-Moriles. Uno de los vinos más afamados es el Pedro Ximénez.

Enoturismo | 2015-08-27 11:42:24


En Montilla-Moriles se dan unos vinos únicos, que constituyen un mundo aparte dentro del universo de la enología y que se han convertido en patrimonio exclusivo de un marco que no puede trasladarse a ningún otro rincón de España.

Cuenta la leyenda que un soldado de los tercios de Flandes, Peter Ximén, trajo a la campiña cordobesa sarmientos de la vid que se cultivaba en el Valle del Rin. Esta variedad se aclimató excepcionalmente al suelo y el clima de Córdoba y, desde entonces, el 100% del mosto para la elaboración de los vinos de esta Denominación (excepto del joven que se mezcla con otras variedades), procede de ese tipo de uva que pasó a denominarse Pedro Ximénez.

Es Montilla- Moriles un marco de historia y leyendas. El territorio que ocupa la Ruta del Vino Montilla-Moriles ofrece también la posibilidad de combinar el mundo del vino con otros recorridos tematizados como la Ruta del Califato, la Ruta del Renacimiento o la ruta de la Bética Romana, representantes de las diferentes culturas que lo han ido poblando, e indispensables para conocer el espíritu de esta tierra.

Al mismo tiempo, descubrir su gran tradición artesanal, que mantiene antiguos oficios del mundo del vino como la tonelería, el torneado de madera para diferentes usos en las bodegas o la casi extinta hojalatería que produce jarras, venencias y canoas para escanciar y transvasar los caldos. La localidad de La Rambla destaca como uno de los principales centros de cerámica artística de España y en otros pueblos de la Ruta la joyería, la artesanía del cuero o la orfebrería continúan siendo uno de los motores de su economía.

Entre las suaves lomas y laderas donde crecen las vides de esta Ruta, encontramos los lagares centenarios donde el viajero será recibido de la forma más cordial, como si de un antiguo amigo se tratara. La sencillez y amabilidad de sus gentes serán las guías por bodegas que semejan catedrales y sus botas (denominación de los barriles) que guardan pacientemente algunos de los más excepcionales caldos.

Y junto al viñedo, los olivares completan el paisaje de verdes de la campiña. La vista de las almazaras, como el Museo Juan Colín, es otra experiencia recomendable para el viajero que se adentra en esta Ruta.

Para terminar de convencer, la gastronomía es excepcional. La cocina de los pueblos de la Ruta posee una identidad propia en la que los productos de la tierra se unen al poso de las culturas árabe, judía y cristiana y en la que los vinos Montilla Moriles son perfecta compañía o un ingrediente más. Un delicioso recorrido que lleva a conocer platos como el salmorejo, el flamenquín, las habas con berenjenas y morcilla, la sopa de gato, las naranjas picás con bacalao, la roña de habichuelones, el potaje de castañas las gachas de mosto, el arrope, las merengás de café y fresa, las orejitas de abad, el dulce de membrillo, el pastel cordobés, los alfajores, los panetes, los roscos de San Blas, etc.

Esta Ruta también ofrece sabores innovadores como la reducción de Pedro Ximénez para aderezar postres, aperitivos o platos principales, cada vez más utilizada en la cocina de autor, y otros originales productos como los helados de vino o la gelatina de Pedro Ximénez, complemento ideal de paté, foie, quesos, carnes a la brasa o simplemente con unas tostadas.

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