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Enoturismo y arquitectura en España.

Los arquitectos, moldeadores de los paisajes urbanos, se han convertido en los modernos gurús de las grandes ciudades del siglo XXI . Urbanistas y políticos han apostado por reconocidos arquitectos fetiche, para posicionar estas urbes en el paisaje urbano- turístico internacional. Autor: Cecilio Moraza González

Enoturismo | 2014-07-21 19:46:43


De este modo, los arquitectos creadores de los nuevos edificios, concebidos como iconos urbanos, se han convertido en referencias y símbolo de prestigio y los edificios por ellos proyectados se han alzado como símbolos contemporáneos urbanos. Las postales souvenir del nuevo milenio son los Sky line de las ciudades, donde conviven el perfil del patrimonio histórico con los edificios de nueva construcción prototipo de diseño y de nuevas formas que cambian nuestra concepción del entorno.

Estos iconos se han convertido la mayor parte de las veces en la concepción urbana del nuevo milenio, articulando territorios fronterizos entre espacios residenciales, centros comerciales, espacios laborales, y como no, puntos de encuentro entre el turista y el ciudadano. Las bodegas, interesadas en promover el enoturismo, no se han visto alejadas este fenómeno. Algunas bodegas históricas han visto en la arquitectura y en sus creadores una nueva ocasión para proyectarse. La ciudad del vino, de herederos Marqués de Riscal, con el edificio proyectado por Franck Gehry, se ha convertido en un símbolo en el mundo del vino.

Con su creación de titanio y evocadoras formas, abierto a múltiples interpretaciones, se ha consolidado como referencia y imagen universal del mundo del vino.

Otras bodegas de nueva construcción también se han sumado a este fenómeno y han encargado la construcción de sus instalaciones a reconocidos arquitectos; Calatrava para Ysios en Laguardia, Philippe Mazières para Viña Real también en la Rioja, Moneo para la bodega de Julian Chivite en Estella y otros arquitectos no tan conocidos, que han transformado la antigua concepción de bodega en edificios que crean un diálogo entre el entorno y el espectador. Nos encontramos pues en una radical transformación del mundo rural, entre una actividad empresarial y el símbolo cultural, emergiendo la creación de nuevas identidades fruto de la evolución. Se trata en definitiva de una apuesta hacia la modernidad, una apuesta hacia la innovación, pero con sensibilidad artística.

Las catedrales del vino en la Conca de Barberá son un claro ejemplo de muestras de arquitectura industrial ligada al vino. Una serie de bodegas cooperativas y sindicatos agrícolas fueron construidos a principios del siglo XX, y se erigen hoy xomo referencias del movimiento cooperativista de la payesía catalana. Construidos por conocidos arquitectos modernistas, se han convertido en el símbolo de una época, y esperamos que con el esfuerzo de todos vuelvan a resurgir como verdadero símbolo actual. Destacan obras de Lluís Domènech i Muntaner, como la cooperativa de Espluga de Francoli (1913) o las proyectadas por su hijo Pere Domènech i Roura, como la cooperativa de Sarral (1914). Pero el principal arquitecto de la época fue el discípulo y biógrafo de Gaudí, Cèsar Martinell, el cual dentro de la política de desarrollo agrario impulsada por la Mancomunidad de Catalunya, diseñó un importante número de bodegas en la Conca de Barbera y en el Alt Camp. Sus obras más destacadas son Rocafort de Queralt (1919) Montblanc (1919).

No podemos olvidar, y también dentro de nuestro país, las grandes bodegas jerezanas. Estas grandes naves de soleras, con sus impresionantes cúpulas, son el fiel testigo de épocas pasadas, el recuerdo aún presente de cuando el consumo de brandys y vinos jerezanos era impresionante. Fue a finales del siglo XIX cuando empiezan a proyectarse las más grandes bodegas de la zona como “La Palma” de Osborne en El Puerto o “la Arboledilla” de Barbadillo, situada en el Barrio Alto de Sanlúcar. La Real Bodega de “La Concha” de González Byass diseñada por el famoso ingeniero francés Gustav Eiffel, nombrada así por la curiosa forma de la cobertura de la estructura de la bodega. Y no podemos olvidar la Gran Bodega de Domecq, rebautizada como “La Mezquita”, de proporciones colosales: 25.600 metros cuadrados; contiene 40.000 botas, alineadas entre sus 4.400 arcos de herradura con un gran parecido y efecto óptico, con la gran Mezquita de Córdoba. Transformación del mundo rural entre una actividad empresarial y el símbolo cultural. La arquitectura como reflejo de la historia versus la arquitectura creadora de nuevas identidades fruto de la evolución. La arquitectura y el enoturismo una apuesta hacia la modernidad, un maridaje hacia la innovación.

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