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Entre Teruel y Zaragoza. La historia en los vinos de la comarca del Bajo Aragón.

La mención “Vino de la Tierra del Bajo Aragón” surge el 15 de mayo de 1997 promovida por un grupo de bodegas de la comarca del Bajo Aragón histórico, que crean la “Asociación Profesional de Productores del Vino de la Tierra del Bajo Aragón”.

Cultura del Vino | 2017-03-22 11:56:07


Este vino de mesa con derecho a indicación geográfica es reconocido por al Orden de 25 de marzo de 1999 (BOA número 47 del 20 de abril de 1999), del Departamento de Agricultura y Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma de Aragón, y posteriormente por la Orden de 23 de diciembre de 1999 (BOE número 16 del 19 de enero de 2000), de la Dirección General de Agricultura del Gobierno de España.

Las cepas de vid plantadas en el suelo del Bajo Aragón, arcilloso y calcáreo, están sometidas a un clima mediterráneo y semicontinental, lo cual favorece de forma muy positiva el desarrollo de las cepas. Este terruño o «terroir» característico del Bajo Aragón es el responsable de las características que, a lo largo de los siglos, han hecho ganar reputación a sus vinos y, por otra parte, han permitido el desarrollo y adaptación, por ejemplo, de la variedad autóctona Derechero de Muniesa, variedad cultivada mayoritariamente en este municipio y en otros limítrofes como Lécera.

En este sentido, según Ernesto Franco, autor en 2009 de «Variedades Tintas Minoritarias Autóctonas Aragonesas», cita lo siguiente: «La variedad Derechero es la más tardía en los primeros estadios fenológicos […]. Los mostos menos ácidos son los de Derechero […]. Los vinos de Derechero son los de mayor grado […]. Los vinos de Derechero se adaptan perfectamente a la crianza en barrica debido a su volumen, cuerpo y estructura […]. Los vinos de Derechero son singulares y con características propias que los hacen irrepetibles».

Son múltiples las referencias históricas al vino en la comarca y su influencia en la sociedad. Miguel Lorente, autor en 1994 del libro “Vinos de Aragón” cita que “se sabe que en la Edad Media, el pueblo turolense de Peñarroya de Tastavins fue un centro importante en el comercio de vinos, puesto que allí se reunían los compradores catalanes y valencianos con los vendedores aragoneses y navarros, para probarlos o “testarlos”, como así se sigue denominando en catalán a la cata de vinos, antes de cerrar las operaciones. La actividad de este pueblo cercano al Maestrazgo y a poca distancia de los puertos de Castellón y Tarragona, que desde el siglo XII perteneció a la encomienda de la Orden de Calatrava, sirvió sin duda para que tomara el sobrenombre de “Tastavins”.

 Eloy Fernández, autor en 1988 de la «Enciclopedia Temática de Aragón», cita en su tomo 9 «Historia II» lo siguiente: «también hay que citar que en los inventarios de bienes de señoríos aparecen cilleros y bodegas con una gran cantidad de cubas (…) lagares y trujales en lugares como Alcañiz o La Fresneda a finales del siglo XVII. El que el Castillo de Alcañiz (sede de la Encomienda Mayor de Aragón de la Orden de Calatrava) posea una bodega con una treintena de cubas, lo mismo que el Castillo de Calanda (destruido en el siglo XVIII), nos aproximan a la importancia que la producción de vino tiene en estas zonas».

Ignacio de Asso, autor en 1798 de la «Historia de la Economía Política de Aragón», donde hace múltiples referencias al vino en el Bajo Aragón y cuantifica el producido en las poblaciones de Alcañiz, Alcorisa, Belchite, Calanda y Caspe. Hugh Thomas, autor en 2001 de «La Guerra Civil Española», cita en el capítulo denominado «Las colectivizaciones en el Bajo Aragón» lo siguiente: «La colectividad se componía de 300 familias, cada una de las cuales, en el año que iba del 1 de septiembre de 1936 al 31 de agosto de 1937, consumió […] unos 430 litros de vino por familia; una cantidad modesta, teniendo en cuenta que se trataba del primer año de libertad revolucionaria».

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