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¿Es el enoturismo un negocio de futuro para las bodegas?.

La gastronomía y el vino cada vez está más presente como potencial turístico, sobre todo en España donde las experiencias de enoturismo han tenido protagonismo en la mayoría de provincias vitivinícolas.

Enoturismo | 2016-03-09 16:55:15


En las grandes ferias del turismo y de la promoción de “Marca España” como es Fitur o Servatur, el foco de la atracción internacional está en nuestra gastronomía y nuestro vino. Hay que mirar al futuro y a los nuevos nichos de negocio. Se necesita un impulso, más allá de la comercialización de un producto.

Hoy en día no suena extraño que un turista cruce medio mundo para pasear entre los viñedos de Burdeos. Son de las tierras vinícolas más prestigiosas del mundo y atraen cada año a miles de visitantes. Pero ese concepto no se gana poniendo en foco solo en la producción, distribución y comercialización del vino. Es muy importante entender que el turista visita y compra un vino de Burdeos, porque es más consciente de que en una botella se lleva un poco de cultura, historia, arte y tradición.

La fuerza común de todo un sector, la puesta en valor y la comunicación con el consumidor es una tarea pendiente en gran parte del vino español. El consumidor demanda cada vez más la experiencia y los recuerdos o sensaciones que le generan los productos. Es ahí donde se va a encontrar la diferencia de elección, sobre todo en el público más joven. El enoturismo es el medio más directo que tienen las bodegas para generar ese acercamiento y experiencia.

En la actualidad, tanto las autoridades políticas que tienen responsabilidad en el sector turístico como los empresarios, están intentando encuadrar este novedoso producto en lo que se ha denominado de forma genérica como Rutas del Vino, o lo que es lo mismo, en una oferta genérica en torno al vino, caracterizadas por estancias activas en un marco natural, cultural y económico en la que el cliente disfruta y conoce la cultura del vino. Esta oferta gastronómica se apoya en una serie de productos complementarios donde el turista ocupa su tiempo de ocio en actividades relacionadas con la cultura del vino.

Crear un vínculo directo es dar a los clientes actuales razones válidas para elegir comprar el vino de una determinada bodega en los puntos de venta tradicionales. No hace falta tener todo un despliegue de servicios para acoger al enoturista. La experiencia de ser bien atendido y dar un paseo por los viñedos o catar alguno de los vinos es lo bastante interesante como para que la bodega sepa aprovechar la oportunidad. Muchas de las regiones vitivinícolas españolas están potenciando estos modelos enoturísticos que están  suponiendo un aire nuevo en el turismo de interior.

El negocio está cambiando y quizás habría que abrirse campo en la forma tradicional de venta en la que las bodegas solo ven la canal de los distribuidores como única salida a sus vinos.

Internet, redes sociales y trato directo con el cliente se abren camino para renovar el sector y sacar provecho de los paisajes y la cultura, así como del turismo de interior.

Así, el objetivo, a niveles de comercialización de las experiencias enoturísticas, no es solo lograr un gran número de clientes reales, sino, mediante la repetición y la recomendación, obtener un mayor volumen de mercado, es decir, aumentar la cantidad de actividad que genera nuestro mercado real. Sin duda el enoturismo será rentable para el negocio del sector del vino. Es la apuesta de futuro, y más vale no llegar tarde.

 

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