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Éxito del Vinobus en la Ruta del Vino de Calatayud.

Coincidiendo con el Día Europeo de Enoturismo, se estrenó, con una más que buena acogida, la Ruta del Vino de Calatayud, con dos autobuses que cubrieron dos rutas diferentes.

Enoturismo | 2015-11-18 09:57:47


Fueron cerca de 100 personas las que se interesaron por esta jornada de enoturismo, teniendo participantes venidos desde Zaragoza y Huesca.

La Ruta uno, guiada por Jordi Pérez, de la empresa turística El Vuelo del Buitre, visitó Bodegas Langa, Bodegas Castillo de Maluenda, haciendo un alto para comer en el Hotel Balneario Alhama de Aragón desde donde partieron a visitar Bodegas Esteban Castejón, en Ibdes, y de allí regresar a Calatayud para visitar el Museo del Mesón de la Dolores.

La segunda ruta, guiada por Angel Marquina, de Viajes Jalón, visitó en primer lugar Bodegas San Alejandro, en Miedes de Aragón, Bodegas Lugus en Calatayud, visitando a continuación el Mesón de la Dolores donde se celebró una comida y posteriormente dieron por terminada la ruta con la visita a Bodegas Virgen de la Sierra, de Villarroya.

La Ruta del vino de Calatayud ofrece grandes sorpresas al enoturista, además de las visitas a las bodegas y las catas de vino, es una comarca que invita a una aproximación a la cultura y tradición de la comarca, ligada al vino durante siglos. Por ejemplo, el enoturista tiene lugares para encontrar vestigios pasados de la cultura del vino en Calatayud. En las cercanías del pueblo de Torrehermosa, se puede disfrutar del paisaje, la gastronomía y el vino aragonés, y la naturaleza que en esta región de Calatayud es variada. También se puede admirar una pequeña formación de rocas oscuras conocida como “La nevera” y que solía servir para que siglos atrás los habitantes del lugar guardarán junto con la nieve sus provisiones.

Con el tiempo fue sustituida por bodegas de piedra donde cada familia fue en la montaña guardando sus provisiones, y que hoy aún se ven en el paisaje de Torrehermosa. Las bodegas con más de 250 años de antigüedad se encontraban excavadas a mano y orientas al norte para conservar temperatura y humedad. Estas bodegas eran apropiadas para elaborar una garnacha tinta que hoy es su mayor patrimonio. Plantaciones que superan en muchos casos los 50 años y cultivadas en alturas que oscilan entre los 550 y los 1040 metros, sobre suelos de pizarra grises y rojos cantos rodados.

Gracias al impulso de iniciativas como el Vinobus, un gran número de visitantes pudieron descubrir el mundo del vino de una forma divertida y aprender mucho de la historia y paisaje de la zona gracias a las explicaciones de sus magníficos guías.

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