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¿Favorece la guarda a todos los vinos o los perjudica?.

Para resolver esta duda frecuente hemos de distinguir entre vinos jovenes y vinos de guarda. Partiendo de estas dos concepciones la solución resulta sencilla de comprender. Autor: Margarita Badano

Cultura del Vino | 2014-09-26 14:53:00


La mayoría de los vinos que se producen y consumen no han sido criados por el productor ni tampoco necesitan ser añejados por el consumidor.

Se trata de vinos jóvenes, frescos, sencillos, que se embotellan inmediatamente de elaborados y se lanzan al mercado para ser consumidos. Se producen en grandes cantidades con bajos costos, son los “vinos de todos los días”. A este tipo de vinos la guarda no los favorece, por el contrario los perjudica, pierden sabor y frescura.

Otro porcentaje, mas reducido, es el de los vinos intermedios, los de la franja de precios medio y medio alto, que se los puede beber jóvenes pero también se los puede estibar algunos años mejorando sus cualidades. Esta guarda nunca debe ir más allá de los cinco años y siempre que sean tintos.

Existe una categoría de vinos, casi siempre muy caros, que han sido pensados y elaborados para el añejamiento, son los llamados “vinos de guarda”.

Esta excelencia se logra por una cantidad de factores que van desde la elección del terruño y los cepajes, Pero sobre todo lo fundamental es el cuidado, esmero, y porque no, el amor que se pone en su vinificación. Este proceso que va desde la cosecha de las uvas, en pequeñas cantidades para que no se rompan, antes de que les dé el sol, para que estén frescas, la elaboración, crianza, embotellado, y estiba.

Estos procesos son los que aumentan el costo de producción y por ende el precio final.

Estos vinos se favorecen mucho con el añejamiento y pueden deparar, al momento de su degustación agradables sorpresas.

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