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¿Hemos descubierto en el Siglo XXI los efectos beneficiosos del vino?.

Pues la respuesta es que no. Efectivamente, culturas como la egipcia o la romana ya conocían algunas de las propiedades terapéuticas del vino o beneficiosas para la salud.

Curiosidades | 2015-12-30 17:15:05


Actualmente el vino está volviendo a tener un cierto auge en medicina natural. Se está estudiando efecto del vino sobre las patologías más frecuentes en nuestra sociedad como son el infarto de miocardio, la aterosclerosis, el cáncer, el sistema nervioso etc. Pero algunos de sus efectos medicinales ya fueron estudiados por las culturas de la antigüedad.

Aunque el cultivo de la vid no era frecuente, si se cultivaba en Nubia y en las orillas del Nilo, aunque también se importaba de otras zonas próximas para así cubrir el consumo que de él se hacía.

Existe un viejo papiro egipcio (IV Dinastía) que hace referencia a las aplicaciones del vino para el control de las fiebres, a su uso como digestivo mezclado con determinados extractos vegetales, y a su uso para tratar enfermedades oculares y para estimular la visión, probablemente con fines religiosos y de adoración.

En Grecia el vino se mezclaba con miel, con rábanos, con coles y con ajos, todo ello muy interesante y concordante con los conocimientos nutricionales y terapéuticos actuales. El vino, junto al aceite, el trigo y la cebada, se consideraban los alimentos principales.

En la época griega, Hipócrates atribuía al vino la corrección de defectos en la visión y en los ojos, en las angustias y en los escalofríos relacionados con las fiebres (probablemente hablaba del tifus), y se recomendaba el consumo de vino en lugar de agua para evitar enfermedades, al menos en verano. Fue Hipócrates quien más aplicaciones clínicas descubrió del vino, en la alimentación y en la cura de infecciones, en afecciones oculares, en daños de la piel e internas, lo recomienda para tisis, para enfermedades del riñón, para problemas digestivos, etc., muchas veces sólo insistiendo en que debían ser vinos astringentes, y otras muchas veces endulzados, aromatizados o mezclados con principios existentes en otras plantas dando nacimiento a una peculiar farmacopea aún vigente usando el vino no sólo como excipiente, sino también como portador de principios activos.

En Roma los vinos se elaboraban con uva muy madura y de alta graduación para que se conservaran mejor, por ello debían suavizarse para su consumo, y se mezclaban con miel, extractos de flores, carrizos, tomillo, genciana, valeriana, canela, azafrán, ajenjo, almizcle, yodo e incluso con opio. Mucho de estos vinos tenían un uso terapéutico y se mantuvieron mucho tiempo en la farmacopea de la Edad Media, y en parte han sido recogidos por las actuales fitoterapias y aromatoterapias.

Realmente el vino siempre ha estado relacionado con la cultura, la religión, la mitología, el misticismo y la salud. A la vez el vino ha sido objeto de refranes, escritos, obras de arte, tratados médicos, etc.

Homero (siglo IX a.C.) atribuía al vino el poder de facilitar la cicatrización de las heridas y su cura. En Roma, en distintas épocas, el vino formaba parte de la dieta de los soldados, como ocurrió posteriormente con los soldados de los siglos XV al XVII en la España Imperial.

Teofrasto en “Historia de las plantas” además de indicar las labores que deben realizarse en el viñedo para aumentar su longevidad, menciona su adecuación para la salud en consumo como fruta y fermentada la uva.

Así numerosos estudios atestiguan que además de ser el vino considerado históricamente  como alimento, éste también tenía un papel importante en la farmacopea.

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