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Joyas vitivinícolas: El vino de Madeira.

El suelo y el clima únicos de la Isla de Madeira, así como el proceso de producción y el tipo de uva cultivada, han contribuido a que del Vino de Madeira haya alcanzado un prestigio inigualable a lo largo de los tiempos.

Vinos del Mundo | 2015-09-09 17:24:44


Elegido  para  celebrar  la  Independencia  de  los  E.E.U.U.  el 4 de julio de 1776, elogiado por Shakespeare en algunas de sus piezas, admirado por reyes, príncipes, generales y exploradores, el Vino  de Madeira es, sin duda alguna, una auténtica joya.

Apreciado en todo el mundo y con un pasado histórico  testimoniado  desde  hace  más  de  cinco  siglos,  este «néctar de los Dioses» es uno de los símbolos de la Isla de Madeira.

Este vino es el verdadero espíritu constructivo de los madeirenses patente, a lo largo de los siglos, en las viñas cultivadas a mano en pequeños recintos de tierra, conocidos por «poios» terrazos, a veces implantados en pequeñas parcelas de terreno en las laderas montañosas de difícil acceso.

Son más de 30 las castas del vino de Madeira, sin embargo, las más nobles son la Sercial, Boal, Verdello y Malvasia.

La elaboración de los vinos de Madeira se remonta a 500 años de antigüedad, cuyas  primeras viñas fueron introducidas por los ingleses durante la colonización. Actualmente  la isla cuenta con una superficie de 2.500 hectáreas destinadas a viñedos, que producen los  vinos que hoy son mundialmente famosos.

Las tierras que rodean Câmara de Lobos constituyen la principal región vinícola de la isla,  de la que se extrae el reconocido vino Madeira. Se trata de un paisaje único y caracterizado  por la orografía accidentada del relieve. Las condiciones del suelo (origen volcánico) y  la influencia del mar, confieren al vino unas características excepcionales. Las vides se  plantan a modo de terrazas en las laderas de las altas montañas.

 Elaboración

Los vinos de Madeira deben sus espléndidas características a un método denominado  ‘’estufagem’’ que consiste en calentar de forma artificial los caldos. Con este sistema se  consigue un doble efecto: por un lado el vino se conserva mejor y durante más tiempo y por  otro, el calor carameliza el azúcar del mosto y otorga al vino un agradable aroma tostado.

De  los  vinos  secos  destaca  la  casta  Sercial.  Ideal  como aperitivo,  este  vino  de  color  claro  es  ligero  y  muy  perfumado.  El Verdello  encabeza  los  vinos  semi-secos;  delicado,  bastante  perfumado  y  de  color  dorado,  es  el  más indicado para acompañar las comidas. Semi-dulce, suave, noble, aterciopelado y de color dorado oscuro es la casta Boal, siendo la más recomendada para el asado y el postre.  Entre  comidas  o  en  el  postre  son  pocos  los  que  se resisten  a  la  casta  Malvasia,  que  produce  un  vino  dulce, con cuerpo, de aroma intenso y color rojizo.

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