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Joyas vitivinícolas: la viticultura en la Toscana.

El clima suave y templado convierte en inolvidable cualquier estancia en este corazón verde de Italia, que tanto tiene que ofrecer también en el campo artístico y cultural, con su patrimonio incomparable y sus tesoros artísticos.

Enoturismo | 2016-01-11 10:55:52


La Toscana es una de las regiones vinícolas más famosas de Italia. Con su paisaje único y variado, esta región, que se extiende entre los Apeninos y el mar  Tirreno, se presenta como una síntesis perfecta de estilo mediterráneo, con suaves colinas pobladas de fincas y granjas tradicionales, con largas avenidas  arboladas de cipreses, con caminos blancos y polvorientos.

Ciudades como Florencia, Siena, Pisa, Lucca, Prato o Arezzo, hacen de ella una región extraordinaria, en la que la historia y la tradición se combinan armónicamente con la modernidad que junto con la tierra y sus productos constituyen una identidad cultural. En todo ello, el vino juega, quizá, el papel más significativo.

El clima toscano es generalmente templado, con inviernos suaves y veranos frescos. La presencia ondulada del terreno y la influencia del mar contribuyen a la  creación de un microclima que permite el cultivo de muy diferentes tipos de vino. En la zona de las colinas se encuentran terrenos con diversas estructuras de  suelo y lugares de altitud diferente por lo que se producen vinos ligeros y afrutados o vinos profundos y complejos con un gran potencial de envejecimiento.

En la zona costera el clima marítimo permite el cultivo de diversas variedades internacionalmente populares, tales como el Cabernet Sauvignon o el Merlot. La  excelente calidad deriva de los terrenos de naturaleza mineral entre arenosa y arcillosa.

La Toscana es una de las regiones italianas que más se preocupa por investigar la mejora cualitativa de la producción vinícola. Tal mejora es fruto del diálogo continuo entre la tradición e innovación, que se inicia en el viñedo y continúa en la bodega, hasta llegar al producto ­nal. En las haciendas vinícolas toscanas la perfecta fusión entre el empleo de metodología e instrumentos tradicionales y la utilización de técnicas y maquinarias de última generación representan no la excepción sino la regla.

Las técnicas utilizadas para la fermentación de vinos tintos son variadas, pero la que se practica más frecuentemente es el “rimontaggio” en modernos depósitos con temperatura controlada, con el líquido recubriendo varias veces la torta de orujo, dependiendo de la maduración y el tipo de añada. Otro método es la “folladura” en el que en el interior de los depósitos de acero se sumerge de forma continuada la torta de orujo en el mosto. La sucesiva fermentación o maloláctica también contribuye al refinamiento de los vinos tintos. Se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable, en grandes barriles de madera e incluso en pequeñas barricas de roble, dependiendo de la calidad del vino.

Con sus 62.000 hectáreas de viñedo, la Toscana produce anualmente unos tres millones de hectolitros de vino. Para los amantes del vino, la Toscana es la madre de los vinos nobles porque pocas regiones de Italia pueden producir vinos de tan alta calidad. Hay en la Toscana 43 vinos DOP (Denominación de Origen Protegida) de los que siete han obtenido la etiqueta DOCG (Denominación de Origen Controlada y Garantizada). Seis de estos están compuestos mayoritariamente de Sangiovese y de sus clones a partir de la variedad blanca Vernaccia de San Gimignano. Los otros 36 vinos DOP que llevan la etiqueta DOC se encuentran principalmente en la región entre Florencia, Siena y Arezzo en la región costera de la Maremma Grossetana. En cuanto a la distribución geográfica, aunque todas las provincias toscanas cuentan con al menos un DOP, son las provincias de Siena y Florencia las más intensamente cultivadas, llegando al 80% de la producción regional de DOCG y DOC.

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