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La batalla del vino vuelve un año más a Haro.

Volvió como cada año a llover el vino en las campas de San Felices. Una tradición arraigada, que simboliza la unión de los vecinos con su tierra y con su vino.

Cultura del Vino | 2015-07-07 09:51:38


La historia comienza con una romería. Todo empezó tras la muerte de San Felices de Bilibio a mediados del S. VI. Los habitantes de la zona comenzaron a visitar la cueva de los Riscos de Bilibio, en la que se encontraban enterrados sus restos. Durante muchos siglos peregrinaron de manera desorganizada, dadas las numerosas dificultades que la realización de este culto en tales épocas exigía.

Pero, con el paso del tiempo, este peregrinar se convirtió en algo tan popular que, hacia el S. XV, el Concejo de Haro animó al pueblo a organizar de forma oficial la romería a los Riscos de Bilibio, tradición que se acrecentó cuando se contruyó la ermita. Poco antes de entrar en el S. XX comienzan a realizarse los primeros bautizos de vino, como denominaban entonces los asistentes a la fiesta a los remojones de vino. De esta manera, el culto religioso y la fiesta pagana quedarían unidos para siempre en las celebraciones de Haro.

El vino se usaba como munición, convirtiéndose así en la esencia de la fiesta. La gente comía y bebía hermanada, y cantaban y reían hasta desfallecer. La batalla del vino ha llegado hasta nuestros días.

En 1965 se concedió a esta celebración el título honorífico de Fiesta de Interés Turístico. Y el 22 de marzo de 2011 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Además de la festividad, la región tiene varias propuestas para disfrutar de esta meca del vino. Este tipo de turismo es atractivo para todos los públicos ya que no hace falta ser un experto para poder disfrutar de la calidad de los caldos y del buen hacer de los bodegueros, nunca es tarde para iniciarse en el enoturismo.

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