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La botella y el vidrio en el envasado del vino

El vidrio ha tenido una importancia fundamental en el envasado del vino, así como el diseño de las botellas en su presentación. ¿Cómo se ha dado esta evolución?

Cultura del Vino | 2014-07-22 11:55:49


El listado de formas y botellas se fue engrosando con gran rapidez: Chianti, Orvieto, Marsala y Albeisa (Italia); Bocksbeutel (Alemania y Portugal); Clavelin, Pot o Côtes de Provence (Francia) o la llamada botella húngara, continente de los afamados Tokajis. Estos son sólo algunos de los ejemplos de un universo que se expandía regionalmente adecuándose a las características de los vinos de las zonas representadas. El Nuevo Mundo vinícola copió en una primera instancia los formatos ya establecidos hasta que su propio desarrollo llevó a sus elaboradores a querer diferenciarse. Como las zonas jugaban un papel secundario, la botella era un elemento importante para distinguirse, productor a productor. Al principio, sólo se trataba de pequeñas variaciones exigidas a los fabricantes sobre modelos bordeleses y borgoñones, que concernían a hombros, golletes, grabados de distintivos y/o embocaduras. Luego vinieron los cambios radicales, como las botellas cónicas californianas y australianas (con anillos en la boca que dificultan el encapsulado y que, por tanto, suelen ir selladas con lacre) o las variantes de la chata y redondita Bocksbeutel, redenominada como Caramañola en Chile y Argentina.

Durante los años 70 y 80 del siglo pasado, los italianos empiezan a liderar una auténtica revolución en diseño y capacidades (p.ej. en formatos grandes aparecen los 'litros': 5,9,18...). No sólo se multiplican las variantes sobre modelos clásicos, sino que surgen las llamadas 'botellas especiales'. En un principio, fabricadas tradicionalmente por pequeños artesanos, y por tanto caras, eran destinadas a vinos de alta gama y/o series limitadas. Poco a poco van siendo incorporadas a catálogo por las grandes casas productoras de vidrio. Son botellas personalizadas, mediante moldes únicos, que pueden variar según los requerimientos de cada productor. Es la expresión del posmodernismo diferenciador que llega al mundo de la botella, donde lo rabiosamente exclusivo pasa en pocos años a ser estándar. Para no perderse ante tanta fiebre distintiva, la calidad de una botella debe juzgarse por algunos parámetros inamovibles. El primero y principal es su peso. Este es fácil, a más peso, más calidad (grosor, resistencia térmica, a la presión o de choque; picado profundo). Algunas de las botellas más veneradas de nuestro mundo, de cualquier tipología, llegan a pesar vacías más de 1 Kg. Otro factor de gran importancia es el color del vidrio, que incide directamente en la protección del vino frente a las radiaciones luminosas. Éstas pueden provocar en él enormes alteraciones. Cuanto más oscuro sea el vidrio, se favorece su capacidad de aguante y, por tanto, su longevidad.

Otros parámetros a tener en cuenta son: el tipo de embocadura (en que se juzga la calidad del anillo de refuerzo o saliente que rodea la terminación del gollete), la forma del cuello (que influirá en el corcho elegido y la estanqueidad del envase a largo plazo), o el tamaño de la botella (a botella más pequeña, más rápidamente envejece un vino, pues la relación oxígeno / volumen líquido es mayor). En un mundo tan cambiante, en el que incluso el vidrio se ve cuestionado frente a novedosos materiales de envasado como el tan prosaicoTetra-Brik, la botella de cristal sigue aportando el buqué óxidativo-reductivo que tanto ansían los grandes vinos, que los armoniza y redondea. En ello juega un cometido fundamental el clásico cierre con corcho. Los compartimentos perfectamente estancos que la tecnología actual nos permite, ya fueren de vidrio (con cierres a rosca) u otro componente, tendrían como inconveniente que retrasarían sobremanera esta tan deseada evolución.

Quizás puedan hacer el vino eterno, ampliar enormemente su horizonte de vida, o hasta ser adecuados para vinos muy frágiles (p.ej. manzanillas o vinos finos del área de Jerez, aunque curiosamente la tendencia actual sea volver al corcho); pero nunca aportarán la elegancia, ni los matices que nos brinda la botella tradicional de vidrio con cierre de corcho. ¡Y, además, está hecha de un material inocuo y reciclable

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