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La cata del vino al alcance de todos.

La cata de vino, no debe estar vinculada al esnobismo y a los profesionales. Cualquier persona con gusto por el vino y con la sensibilidad de los sentidos puede ser un perfecto catador. Solo necesitamos saber donde concentrar dichos sentidos y disfrutar del placer de un buen vino.

Cata de Vino | 2014-12-03 12:35:53


La cata se puede enseñar y se puede aprender, lo único necesario para poder catar es que nuestros órganos sensoriales funcionen correctamente y que sintamos el interés necesario como para aprender unas bases que, a medida que practiquemos y vayamos conociendo más vinos se irán ampliando si perseveramos en ese interés inicial.

Según el maestro Peynaud, la cata es estudiar, analizar, describir, definir, juzgar y clasificar.

Como es un análisis realizado con los sentidos (boca, nariz y ojos) la cata de vinos está sujeta a una cierta subjetividad: influye nuestro estado de ánimo, la calidad media de las muestras analizadas y la cantidad de vinos que hayamos catado.

Distinguimos dos tipos de cata:

La cata hedonista, en la cual nos recreamos en el placer que nos produce la ingestión de un buen vino. Es la que practicamos habitualmente con los amigos.

La cata técnica, en la que encontramos un espíritu crítico más desarrollado, y que trata de estudiar y describir la totalidad de las reacciones sensoriales que produce un vino, intentando explicarlas basándonos en el conocimiento enológico que poseemos («cultura» enológica del catador).

No tenemos que ser profesionales para disfrutar de una cata de vino, pero ciertas bases y conocimientos nos pueden ayudar a mejorar y para hacerlo lo ideal es realizar ciertos ejercicios que nos ayudarán a distinguir e identificar nuestras sensaciones. Lo perfecto es realizar este aprendizaje junto a catadores capaces de expresar lo que sienten. Así podemos tratar de memorizar el modo en que nosotros experimentamos esas sensaciones que ellos identifican, porque casi con seguridad las encontraremos posteriormente en otros vinos.

Cada vino tiene su propia identidad y expresa cosas distintas, pero en lo que se refiere a la cata, lo hace generalmente dentro de unos parámetros determinados. Cuanto mayor sea nuestra capacidad para comprender, identificar y memorizar esos pará- metros, y mayor sea la cantidad de vinos que tengamos, la oportunidad de catar para ampliar nuestro repertorio de sensaciones reconocibles, mejores catadores llegaremos a ser.

Es importante en un catador estar en las mejores condiciones para aumentar su sensibilidad, por lo tanto aconsejamos:

Estar en buena forma (sin cansancio, catarro, dolor de cabeza...)

No comer durante la cata. No olvidemos que el viejo dicho “se la dieron con queso” alude al hecho de emplear la ingesta de queso para vender vinos defectuosos. Todo lo más, un poco de pan.

Ingesta mínima de vino, con el fin de evitar la fatiga etílica y mantener el espíritu crítico hasta el final de la cata.

No usar perfumes ni fumar.

Entrenarse regularmente para refrescar la memoria.

Estar relajado

Hay que decir, no obstante, que ni siquiera el mejor catador del mundo podrá experimentar, identificar y expresar todo lo que un vino puede tener qué decir. Un vino no es un motor que podemos desmontar y describir en cada uno de sus componentes, siempre habrá sensaciones que se escapen o que no se puedan describir. 

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