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La copa de vino y los aromas

Las copas de vino están hechas para retener los aromas. Es por esto que las copas son altas y con una apertura más pequeña que el diámetro central de la copa y deben tener sitio para airear el vino.

Cata de Vino | 2014-12-03 13:19:40


Fotografía:   André Karwath

Un mismo vino en distintas copas se puede percibir de formas muy distintas, debido a la forma. Algunas marcas comerciales como Riedel ha desarrollado gran diversidad de estudios sobre el comportamiento de vinos de distintas variedades en copas de distintas formas y tamaños.

Así por ejemplo:

Las copas de vino tinto son más grandes y tienen una apertura más abierta que las copas de vino blanco porque su sabor y aroma son más complejos.   Típicamente, los vinos tintos tienen sabores fuertes y aromas fuertes por lo que tener una apertura más grande hace que haya más superficie y por lo tanto más aire en contacto con el vino.  Esto significa más oxidación y más aroma.

La copa de vino blanco.es algo más pequeña y estrecha que la de vino tinto (por su necesidad de mantenerse frío). Al igual que el vino tinto, solo debe llenarse como mucho a 3/4 de su capacidad.

La copa de para vinos de Jerez es ligeramente aflautada, tamaño medio y de pie corto. Utilizada para tomar los vinos dulces y de Jerez. No debe llenarse más de 2/3 de la misma.

Mientras, la copa de champán o cava, es alta, de cuerpo largo y aflautado, y corta de pie. La finalidad es retener las burbujas. No se deben utilizar las conocidas copas planas de champán Se pueden llenar hasta 4/5 de su capacidad.

La aromática va a variar según la forma y el tamaño de la copa.

Cuando el vino es servido en la copa, comienzan a evaporarse inmediatamente sus aromas que la llenan rápidamente, en capas según su densidad y peso específico. Es mejor elegir copas que tengan el borde laminado. Tienen un mejor acabado y se sienten mejor al tacto de la boca. Para una cena o comida con copas de vino, éstas pueden ser ligeramente más grandes para que puedan servirse cantidades suficientes para no tener que estar sirviendo cada rato, aproximadamente 4 a 6 onzas, pero sin olvidar dejar suficiente espacio en la copa para que el vino respire.

Los aromas menos densos, son los primarios, los que recuerdan a flores y frutas; éstos se elevan hasta el borde de la copa, mientras que el centro se llena con vegetales verdes y componentes minerales y terrosos. Los aromas más densos, los terciarios, que son los típicos de la madera y el alcohol, se quedan sobre la superficie del vino.

Si se agita el vino, se humedece una superficie mayor de las paredes, por lo que se incrementa la evaporación y la intensidad de los aromas y las copas de mayor capacidad permiten captar los distintos aromas.

El gusto de un vino también va a depender de la forma de la copa.

Los movimientos y ajustes físicos de la cabeza y del cuerpo se controlan inconscientemente. La forma de la copa hace que la cabeza se posicione para beber y no derramar. Las copas de boca ancha hacen bajar la cabeza para ingerir, mientras que un borde reducido fuerza la cabeza hacia atrás, creando un canal por donde desciende el líquido por gravedad. Así pues, con un a distinta abertura de la copa, se conseguirá que la bebida penetre y se posicione en distintas zonas  e la lengua, percibiéndose distintas sensaciones.

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