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La copa y la fase visual en la cata del vino.

Tanto para catar un vino como para consumirlo, siempre utilizaremos una determinada copa apropiada para ese vino. No recomendamos la utilización de un vaso, ya que no apreciaremos correctamente las sensaciones que nos transmite el vino.

Servicio del Vino | 2014-06-18 13:03:53


En función de las características de la copa, tamaño de la boca, forma del cuerpo, o si es de cristal fino o no, un vino nos dará unas impresiones u otras.

La copa debe ser de tamaño medio –ya que si es muy pequeña no podemos girar o mover el vino y si es muy grande no la manejaremos bien– fina, transparente y sin tallas ni dibujos.

Llenaremos la copa hasta un tercio de su capacidad, para poder agitarla y manejarla mejor y observaremos el color. Si se catan diferentes muestras, se tendrá en cuenta que debemos llenar el mismo volumen de copa en cada muestra para poder compararlas, ya que aumentar o disminuir el volumen modifica el color.

En la fase visual nos fijamos en el color, su homogeneidad y sus matices.



Para apreciar el matiz o la tonalidad, se inclina la copa 45º sobre un fondo blanco.

Si la pusiéramos sobre un fondo de otro color no apreciaríamos el color real.

El vino deberá estar limpio y brillante, no turbio. Si encontramos sedimentos, es decir posos, no hay que preocuparse. Éstos son compuestos de la uva que por el paso del tiempo, o porque el vino no ha sido tratado con procesos de limpieza bruscos, han podido precipitarse.

Si bien para ciertas personas puede ser antiestético, cada vez es más habitual encontrarlos, sobre todo en vinos tintos.

En los vinos rosados y blancos no suele ser normal encontrar estos sedimentos.

Al inclinar la copa encontraremos distintas tonalidades de color en la misma. En los bordes de la copa o ribete, al haber menos volumen, se aprecia mejor el color real del vino. En el centro, por el contrario, al haber más volumen o capa de vino, éste cambia.

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