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La crianza del vino en madera.

Los vinos, una vez superados los oportunos controles y selecciones, se trasladan a "barricas" o envases de madera de roble, normalmente americano o francés, generalmente de 225 litros de capacidad.

Cultura del Vino | 2016-05-30 17:57:51


La madera de estos envases, de acuerdo con las tendencias actuales, conviene que sea nueva o al menos poco usada de forma que pueda aportar sustancias propias al vino, de carácter aromático y gustativo. En cualquier caso estará perfectamente limpia, sana y desinfectada.

En esta fase, el vino sufre un proceso de oxidación de sus componentes, a través del oxígeno que penetra por los poros de la madera, por otro lado, el alcohol del vino es capaz de disolver los aromas de este material noble. Lo cierto es que durante el proceso de crianza del vino en barrica, pasan al vino entre otros un conjunto de estímulos aromáticos que contribuirán a la complejidad del mismo, ácido acético no deseable y también polifenoles de la madera que contribuyen a estabilizar el color del vino.

De esta forma, el vino transforma su color, con pérdida de los tonos violáceos y la aparición de tonos rojos anaranjados. Y también los aromas se hacen más complejos, de carácter "especiado" y "balsámico", las sensaciones gustativas se suavizan, reafirmando su estructura.

A lo largo de su permanencia en barrica, el vino será sometido a periódicos "trasiegos" para eliminar, por decantación sus impurezas, y sufrir una ligera aireación, necesaria para que se produzcan complejas reacciones de oxido/reducción.

Alcanzado el punto óptimo de evolución en madera, se procede a la homogeneización y tipificación del contenido de las barricas. En este momento, filtrado y clarificado, es embotellado el vino. 

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